Algunos viajes no comienzan con un paso, sino con una inquietud profunda que empuja a abandonar lo conocido. Así empezó la travesía de Egeria, una mujer del siglo IV que recorrió miles de kilómetros desde la antigua Gallaecia hasta Jerusalén. Su viaje no fue solo físico, sino también espiritual: una búsqueda marcada por la curiosidad, la fe y una voluntad indomable que la llevó a cruzar fronteras en un mundo incierto.
Más que describir lugares, Egeria vivió cada experiencia con intensidad y la compartió a través de su escritura, dejando uno de los primeros testimonios de literatura de viajes. Su historia no solo revela el valor de explorar el mundo, sino también el poder de observar, comprender y transmitir lo vivido.