Persona en penumbra mirando al vacío, simbolizando la lucha interna de la depresión y su complejidad emocional

… Se llama depresión

Segunda Parte

¿Qué dice al respecto la medicina?

“Trastorno que se caracteriza por el cansancio, desánimo, desinterés y, en general, disminución de la actividad psíquica y física”. Muy escueto para todo lo que lleva detrás de cada palabra, ¿no?

Con un lenguaje y una terminología que la mayoría de nosotros no entendemos surge en el siglo XIX lo que se llegaría a conocer como “El nacimiento de la psiquiatría moderna” pero, ¿qué hay detrás de ese encabezado? Nada en concreto porque por mucho que se diga y se escriba al respecto, existen más dudas que certezas sobre lo que engloba. Decidirse a adentrarse en la investigación sobre las enfermedades mentales es comprar un boleto solo de ida para ese viaje porque nunca hay un punto donde detenerse, y, es, pensar en volver es adentrarse más y más en un mundo donde puedes creer que la luz del conocimiento te alumbra, pero solo juega contigo, porque a continuación te lleva a la oscuridad más cerrada. Entonces ser psiquiatra no es estar loco, como muchos dicen, es ser un aventurero que no le teme a nada con lo que se pueda encontrar, y estar dispuesto a seguir y seguir adelante, y ahí, en ese punto de la aventura lo está esperando la depresión, con su apariencia impenetrable y desconocida, lo espera para jugar con él, podemos decir que… ¿a las escondidas?

Pues bien, hubo en ese principio del siglo XIX un “bibliotecario” de las enfermedades de la mente, un médico francés llamado Philipe Pinel, uno de los primeros que se dedicó a clasificar y ordenar las enfermedades y trastornos de la mente. En 1801 concentró todos sus conocimientos descubrimientos y más, en una obra, que imagino, ha de haber sido bastante extensa y que se centró como punto de partida en la melancolía. La melancolía, qué, dicho sea de paso, es sujeto importante en las novelas románticas de aquellos años y anteriores. Esos amantes que morían de amor empezando por la tristeza, siguiendo con la melancolía y debemos de pensar que llegando a algún sitio de la mente donde los estaba esperando la depresión.

El siglo XIX fue un taller de trabajo para los médicos europeos, que siguiendo el ejemplo del francés Pinel dedicándose a lo mismo, a desarrollar sistemas de clasificación psiquiátrica más precisos, como lo hizo Emil Kraaepelin que colocó a la melancolía dentro de los trastornos del estado de ánimo y con ello dio inicio el concepto moderno de lo que hoy se considera depresión. Con ello se empezó a arrinconar el término melancolía que había reinado durante siglos.

Parece que un médico británico llamado Richard Blackmore, ya en 1725 se había referido al término depresión para describir un estado profundo de tristeza y abatimiento que ya se quedaría para siempre integrado al lenguaje de la medicina.

Buscando sobre el tema me he dado cuenta que lo fuerte de la investigación sobre las enfermedades mentales, en especial sobre la depresión, se inició y se hizo fuerte en Europa; los psiquiatras del viejo continente consideraron que la melancolía era en realidad un trastorno del estado de ánimo, dejando de lado todo lo que se había barajado hasta entonces, como podía ser una desvinculación o alteración intelectual o moral. Esta resolución se puede calificar casi unánime les dio paso a entender la depresión como una condición clínica y que puede tener causas psicológicas y biológicas. Aunque con el tiempo se añadió también los mecanismos sociales.

El siglo XX la investigación científica sobre la depresión parece haber recibido su “mayoría de edad” lista para navegar en tres grandes corrientes en las cuales se sigue profundizando por parte de algunos locos y otros tantos cuerdos.

Veamos las tres corrientes:

1.- El psicoanálisis.

Un señor llamado Sigmund Freud, de nacionalidad austriaca y médico psiquiatra de profesión, puso sobre la mesa la teoría de que la depresión estaba directamente relacionada con conflictos emocionales inconscientes y con pérdidas afectivas; sin querer sobresalir opinando sobre el tema, yo diría que relacionada con la vida misma, con los problemas que más o menos podemos tener unos y otros cada día. Con el tiempo la mayoría de sus teorías fueron revisadas, aún se sigue haciendo. Freud y sus teorías, por decir lo menos extravagantes, vienen llenando hojas y hojas de trabajos de posgrado en todas las lenguas conocidas y no hay psiquiatra bueno o no tan bueno, que no lo saque a colación en pláticas y conferencias.

2.- La psiquiatría biológica

Ya andado la mitad del siglo XX se descubrió que los neurotransmisores cerebrales como la serotonina, la dopamina y la noradrenalina, estaban implicados en la regulación del estado de ánimo. Fue como encontrarse con una perla negra pues a partir de ese descubrimiento se impulsó el desarrollo de los medicamentos antidepresivos. Con ello parecía que íbamos a vivir en un mundo feliz: los médicos ya tenían a mano un medicamento que no curaba, pero tranquilizaba, las personas afectadas con esta enfermedad tomaban por la mañana la píldora mágica y todo el día lo pasaban bastante relajados, y los laboratorios farmacéuticos, los más contentos de todos, habían descubierto una mina de oro con la producción altísima de este tipo de medicamentos.

3.- La psicología cognitiva

Después, en la década de 1960, apareció un psicólogo estadounidense, Aaron T. Beck que traía bajo el brazo la terapia cognitiva, que se basa en la idea de que los pensamientos negativos y distorsionados contribuyen a mantener la depresión. Este enfoque sigue siendo uno de los tratamientos psicológicos más utilizados.

Al día de hoy la depresión se estudia mediante un enfoque interdisciplinario que combina: Neurociencia; Genética; Psicología clínica; Epidemiología y Ciencias sociales. Cualquier persona medianamente inteligente y con inclinación a la reflexión, creo que se puede preguntar lo siguiente: ¿Tanta, tanta, investigación y tan poca claridad sobre lo que da origen a la depresión?

Yo, en lo particular, creo que todos somos guardianes de nuestra mente y que si queremos que funcione bien hay que mantenerla limpia de pensamientos poco saludables bien alimentada con buenos nutrientes culturales y dándole trabajo que la mantenga activa.

Además, como creyente, uno siempre puede acogerse al plan divino pidiéndo que no le mande lo que no puede manejar y probablemente lo vuelva loco.

Llego al final del artículo, y me quedo poco más o menos con lo mismo con lo que empecé, que la depresión hoy por hoy sigue siendo una gran desconocida

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