Escritorio de madera iluminado por luz natural con una máquina de escribir clásica, manuscritos, un mapa antiguo de América Latina y un diario abierto que evoca la narrativa de la memoria de Isabel Allende.

Isabel Allende. La mujer que vive y escribe

“La voz del escritor es la huella digital de toda su persona, sus ideas, su inteligencia, humor, pasión y ritmo.” Patricia Lee. (Escritora norteamericana)

En ocasiones se piensa, quizá por la lejanía que se pueda tener con la literatura y con los que se dedican a ella, los escritores son personas que viven en un mundo de fantasía permanentemente, y no es así, el pilar fundamental de la creación literaria es la misma vida, la que le toca vivir a cada uno y por tanto la creación se origina la mayor parte del tiempo en las anécdotas, en los imprevistos, y también en sorpresas y contratiempos del día a día. Y en lo que se refiere al mundo de la narrativa de lo fantástico, parece poco creíble, pero en muchas ocasiones esos relatos tienen su origen en los sueños que uno tiene en la infancia.

Aquí podría haber empezado este artículo con la frase: vivir para escribir, pero no en el sentido físico del tiempo, sino en el contexto de valoración y atesoramiento del planteamiento que se nos presenta cada día, lo bueno, muchas veces escaso, las dificultades y contratiempos de cualquier tipo que se quedan ahí esperando que se les de salida o acomodo. Esa es la despensa del escritor, donde va en busca de algo o alguien que le abra la puerta a una historia.

Hoy he elegido para hablar de este tema de la relación que existe entre vivir y escribir, a Isabel Allende, la escritora que nació en Perú y se crio en Chile de donde se exilió a Venezuela después del golpe militar en 1973 y que ha ido y venido conociendo, viviendo y escribiendo por distintos países. Finalmente, después de un largo peregrinar, hoy vive en California, en los Estados Unidos.

¿Por qué Isabel Allende? ¿Pudo haber sido otra escritora? Estoy segura de eso porque en mi mundo de lectura conviven otras que puedo definir como muy interesantes, excelentes narradoras, mujeres que leen y escriben y lo hacen en el marco de su día a día, pero para el proyecto que acaricio desde hace tiempo, en el que estoy trabajando, y que espero poder compartírtelo en breve, ella, era la indicada. Su literatura es, desde mi apreciación, una narrativa humanista, donde lo emocional va abriendo cada página, su obra se centra en esa América Hispana o Latinoamericana donde viven por siempre en sus historias la identidad, la memoria que abrazan en ocasiones elementos simbólicos que se convierten en algo maravilloso que colinda con escenarios que se etiquetan como realismo mágico. Con el tiempo su literatura ha evolucionado hasta combinar distintos elementos, como son, históricos, autobiográficos, feministas ¡algo muy importante! y psicológicos, creando una narrativa de gran accesibilidad.

La escritora hace hincapié a lo largo de toda su obra en la importancia de preservar la memoria, porque recordar mantiene íntegra la identidad, reconstruye familias y esa línea de memoria ayuda también a comprender el presente, más aún cuando el pasado fue duro y doloroso. Isabel Allende hace una ecuación a partir de una narración fluida y transparente, donde el lenguaje rico y comprensible, mantiene un ritmo constante y natural en el desarrollo de, la historia. Es, por tanto, una narradora de la memoria. Cuando el lector se adentra en la lectura de su obra descubre que ésta va ligada a su biografía como una reconstrucción emocional de la experiencia. Sus novelas tienen una fuerza que mezcla siempre en un principio, algo de su historia personal y también colectiva, y luego algo de amor, unas pinceladas del exilio, quizá la muerte y siempre se llega a la última página del libro con la identidad, esa que para la escritora es el resumen de todo.

Hablar de Isabel Allende es ir más allá del hecho de hacer una biografía, algo que no ha estado en mi pensamiento en ningún momento, es la manifestación real de una voluntad casi obstinada de transformar el dolor que la ha acompañado a lo largo de los años, en relato.

Hoy lo que define a Isabel Allende, no es únicamente su éxito literario avalado por la venta de más de ochenta millones de ejemplares de sus obras traducidas a cuarenta y dos idiomas y los incontables reconocimientos de prestigiosas universidades, quince doctorados honoris causa etc. Lo que la define es la coherencia que muestra entre su vida, su carácter y su obra.

Por todo ello escogí a Isabel Allende, para hablar de una mujer que vive y escribe.

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