Alejandro Dumas, un populista de la literatura.
El 24 de julio se cumplen 222 años del nacimiento del escritor y dramaturgo francés Alexandre, (Alejandro en español) Dumas Davy de la Pailleterie en Vilers-Cotterêts; y que debe de formar parte de ese grupo selecto que hemos llamado INDISPENSABLES, no solo por ser un escritor de los que se conocen como un clásico, sino por su hacer literario, por ser un trabajador incansable de la pluma, que rompió el paradigma literario de su época, hizo un acto de magia con las palabras y transformó el concepto de lector de la primera mitad del siglo XIX.
Hijo de un general, y de una esclava negra, quedó huérfano de padre a los cuatro años y su vida fue tan azarosa como los personajes de sus novelas que surgen de la historia; transitan por ella a lo largo de muchas páginas, pero cuando ese recorrido se hace monótono lo abandonan y toman otros derroteros creados en la imaginación desbordante y totalmente libre que no considera que debe de ser leal a la verdad histórica, solo a sus lectores.
Sin importarle mucho, su creatividad se posicionó en dos polos muy distantes. Por un lado, logró en vida un gran éxito entre el público que se consideraba parte de cada una de las aventuras que se narraban; algo que Dumas lograba al fusionar sus novelas con la historia.
Contrario a esta inmensa popularidad, se encontraban los intelectuales del siglo XIX y XX que, en su mayoría, menospreciaban la obra literaria de Dumas por considerarla demasiado popular y por lo mismo carente de un contenido literario de nivel.
Con su estilo de hacer literatura inventó un instrumento para instruir al pueblo, ese pueblo que estaba ávido de aprender y no lo había logrado hasta que Alejandro Dumas, con sus novelas históricas lo consigue. Esas novelas que con el tiempo se convierten en otros tantos mitos literarios.
Anteriormente a Dumas, la literatura era tan elitista y tan clasista que solo un pequeño porcentaje de la población, la que se consideraba ilustrada, tenía acceso a ella. Pero todo tenía que cambiar y en la primera parte del siglo XIX, es el momento que la prensa francesa “inventa” el continuará, es decir las entregas semanales de un capítulo, la literatura que se conoce como de folletín y con ello seduce y cautiva a las inmensas masa de lectores que ya no dejarán de seguir sus relatos. Poseía un don para crear diálogos ágiles, sencillos e imaginativos que se acoplan a los personajes que poseen una gran inventiva cuando se trata de crear intrigas.
Fue un escritor incansable, al que yo he denominado un albañil de la literatura, que letra a letra, palabra a palabra construyó, le dio forma y dejó para la posteridad el edificio de la literatura popular.
Vivía el día al máximo, sin cortapisas y por la noche escribía y escribía. Ganó muchísimo dinero, como ningún otro escritor de la época en Francia, pero como ganaba derrochaba y falleció pobre. Hasta su muerte vivió al amparo de su hijo, por cierto, del mismo nombre y también escritor.
Al igual de lo que ocurre y ocurrió con los grandes, ciertos mitos y alguna que otra anécdota de su vida lo han acompañado siempre. Por ejemplo, se ha escrito mucho sobre si algunas de sus obras no fueron escritas por él, sino por alguno de sus colaboradores en especial por Auguste Maquet, muy cercano al escritor.
Sin ningún fundamento, salvo lo que es cierto que tuvo muchos colaboradores, se cuenta, que ellos le entregaban sus manuscritos a Dumas y éste los reescribía o solo los firmaba.
Pero esto es algo que nunca se llega a aclarar, y queda como una anécdota más que en ningún caso desvirtúa la magnificencia del autor y su obra.