Silueta humana observando la interfaz luminosa de la supercomputadora Aurora reflejando constelaciones de datos científicos.

Proyecto Aurora: El futuro de la ciencia,

¿una competición entre el hombre y la máquina?

Eso pensamos, quizá por desconocimiento, quizá por temor, pero puestos a pensar, ¿porque no hacerlo?, creyendo que puede ser una conversación. Una conversación todavía desigual, todavía imperfecta, pero con el poder de abrir una puerta hacia un territorio desconocido: un mundo en que la inteligencia humana ya no sea la única inteligencia que participa en la búsqueda del conocimiento.

Al hombre se le dio el libre albedrío, ¿no es así? pero parece que cuándo lo tiene que usar para grandes cosas, hay ocasiones que en lugar de decir “voy a hacerlo” titubea, la duda lo atrapa y entonces se detiene y duda de sus propias capacidades. Sabemos que, en el fondo, la ciencia empieza con una pregunta, también estamos seguros que la máquina nos va a llevar a recorrer el camino que sigue después. Pero somos nosotros quienes decidimos que pregunta debemos hacer, que queremos buscar, y porque nos importa la respuesta. Hoy por hoy esa es quizá la frontera que distingue la IA de la inteligencia humana. La máquina puede ayudarnos a buscar respuestas a una velocidad desconocida, yo diría aún más, inimaginable, pero la elección de aquello que merece ser preguntado continúa siendo una de las formas más profundas de nuestra libertad, Es decir, de nuestro libre albedrío… y, entonces, ¿por qué la duda? Llegamos a este punto es donde la pregunta cambia de sentido, ya no se trata de si una máquina, como Aurora, puede descubrir y hasta donde puede hacerlo, lo que surge entonces es la respuesta que habría que darle a esa pregunta: Se trata de saber que ocurrirá con nosotros cuando dispongamos de una compañera de investigación capaz de explorar territorios intelectuales que nuestra propia mente no puede recorrer por si sola. Creo que ahí se aloja nuestro temor, ese que nos inmoviliza llegado el momento de decidir.

Quiero irme un tiempo atrás y ver cómo empezó la relación y el acercamiento del hombre y la ciencia. La historia nos cuenta que en un inicio una observación precedió durante mucho tiempo a su explicación. Primero aparecía el fenómeno; después llegaba la teoría capaz de interpretarlo. Ahora en el siglo XXI quizá la Inteligencia Artificial está creando una nueva versión de este proceso: una supercomputadora puede detectar primero una irregularidad y el ser humano puede tardar años en comprenderla. Esto no disminuiría el valor del descubrimiento, pero, si cambiaría nuestro “formato” de cómo se produce el conocimiento.

En Argonne, la casa de Aurora, ya existen proyectos que buscan la integración cada vez más profunda y compenetrada entre la supercomputación y la IA. Uno de los proyectos, Aurora GPT, explora modelos entrenados específicamente para tareas científicas y destinados a integrarse en los flujos de investigación. Siguiendo con este planteamiento nos encontramos con la verdadera novedad, abrimos otra puerta de posibilidades, y llegamos a la conclusión de que no se trata simplemente de construir máquinas que calculen más deprisa, sino sistemas capaces de participar en un proceso mediante el cual como si se tratase de un milagro hecho por el hombre, los datos se transformen en hipótesis, las hipótesis en experimentos y estos a su vez en conocimiento… y todo ello llevado de la mano de la ciencia, porque hay momentos en la historia que una herramienta deja de ser un simple instrumento para convertirse en el símbolo de una época. Pero cuidado, todo tiene siempre, aunque ínfimamente, una pequeña línea que se puede convertir en una grieta de riesgo.

A lo largo del tiempo se ha considerado que descubrir, esa palabra mágica acorde con todas las edades era una actividad esencialmente humana. Al principio el científico observaba la naturaleza, formulaba una pregunta y como no tenía el adelanto requerido, pues imaginaba una explicación y buscaba la manera de ponerla a prueba. Después cuando ya utilizaba instrumentos que podríamos catalogar de extraordinariamente sofisticados, pero que no había llegado aún la IA, pues la inteligencia que le daba sentido a los resultados seguía siendo la suya…hasta que apareció Aurora y otras muchas como ella, y la Inteligencia Artificial empezó a trabajar codo con codo con ellas. La aparición de toda esta tecnología trabajando al unísono abre un parte aguas en esa certeza, porque si una máquina puede analizar una cantidad de información que ningún ser humano podría examinar por si solo durante toda su vida, y , a partir de ella, encontrar una relación que nadie había observado antes, ¿podemos entonces decir que la máquina ha descubierto algo?

La pregunta parece sencilla ¿no crees? pero se convierte en engañosa a partir del momento que nos obliga a detenernos en el significado de una palabra que utilizamos constantemente: conocer.

Las interrogantes y preguntas surgen a cada paso que uno avanza en este recorrido la mayor parte en tinieblas pero que de repente surge un flash que nos da un respiro.

Es por eso que tendré que seguir y seguir buscando, al menos por el momento.

Recuerda: Con la Inteligencia Artificial estamos viajando hacia el infinito.

Hasta la próxima.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *