Juegos Olímpicos, más espectáculo que deporte -Antorcha Olímpica

Juegos Olímpicos, más espectáculo que deporte

Estamos a escasos dos días de que finalicen los Juegos Olímpicos de París 2024; unos juegos que como todos los que se han llevado a cabo en las últimas décadas vienen envueltos en unas presentaciones tan llamativas y espectaculares que la verdad se desvirtúa un poco lo que fueron en su inicio y lo que debería de ser el centro de atención en estos juegos modernos, sin importar el país que los lleve a cabo. El deporte

Sea como sea, la cuestión es que la justa olímpica llama mucho la atención, aun si no eres muy afecto a los deportes, resulta que ejerce una cierta fascinación,  y  en la mayoría de los casos sin conocer nada o casi nada de su origen y evolución hasta nuestros días, todos quieren tener el tiempo y un lugar en el sillón para asistir a ellos a través de la televisión; aunque los hay que empeñan tiempo y vida para poder estar  en el lugar y en el momento, no importa si nos  tenernos que ajustar a una zona horaria diferente  y eso nos roba horas de sueño. Lo importante es estar in situ.

Al principio del artículo hago referencia a la definición de Olimpiada porque frecuentemente nos referimos a esta gesta indistintamente como Juegos Olímpicos u Olimpiada, y ya vemos que no es así. En este periodo de cuatro años entre unos y otros juegos, de llevaban a cabo otras competencias de menor rango, algo parecido con lo que se sucede en nuestros días: Campeonatos mundiales: Juegos Panamericanos etc. donde los atletas participantes iban preparándose para los Juegos Olímpicos.

Pues resulta que como todo o casi todo de la antigüedad, los Juegos tienen un origen y un fin religioso. Sabemos que en las culturas antiguas los dioses eran muchos y variados y eso hacía que compitieran entre ellos por su aceptación masiva del pueblo. Pero existió uno que fue por mucho el más importante de los dioses griegos, Zeus.

“Padre de los dioses y de los hombres” ¡Ahí es nada!

Un dios que estaba vinculado a la ciudad de Olimpia, un importantísimo centro religioso que da nombre como sabemos a los juegos, que se llevaban a cabo en las llanuras de Olimpia, en lo que es la parte occidental del Peloponeso. Esto nos lleva a la mitología griega, donde se consideraba al rey de Pisa de esa región, el fundador de los Juegos Olímpicos.

Los primeros juegos de los cuales se tiene evidencia tuvieron lugar en el siglo VIII a d C y se celebraron cada cuatro años durante doce siglos hasta que el emperador Teodosio I los prohibió por considerar que eran eventos paganos. Ahí terminan los Juegos Olímpicos de la antigüedad, que estuvieron fuera casi mil quinientos años hasta el año de 1896, donde Grecia nuevamente, retoma la justa que se conoce como los juegos de la era moderna. Que dan inicio con el encendido de la antorcha olímpica de la manera tradicional en una ceremonia antigua en el templo de Hera. Actrices caracterizadas como las sacerdotisas griegas utilizan un espejo parabólico y los rayos del sol para encenderla.

Hago hincapié que lo más importante es el deporte, lo que hay que valorar es el desarrollo y desempeño de los atletas participantes en las distintas disciplinas, las de siempre, las del inicio y las que a lo largo del tiempo se han ido incorporando.  La fiesta luces, y puestas en escena impactantes de la inauguración y de la clausura, no retratan, la esencia del deporte. La verdad es que cualquiera que sueñe con ir a unos Juegos Olímpicos debe de centrarse en una disciplina de entrenamiento y una preparación en el  de día a día además de tener otro tipo de apoyos como son entrenadores, sicólogos etc. Es un trabajo y un esfuerzo que hay que valorar.

¿Por qué menciono esto? Muy sencillo, porque en los juegos de la antigüedad, todos los que participaban eran amateurs, entrenaban como sabían y como podían y es por eso mismo que solo existían dos medallas, la de plata que se entregaba junto a una rama de olivo y la de bronce que iba acompañada de una rama de laurel.  No se podía otorgar un oro por su condición de atletas amateurs.

Otro dato curioso, y que no quiero dejar de comentar. En esos primeros juegos todos los atletas competían totalmente desnudos, no existían claro está, las marcas ni los patrocinadores, se cree que la razón de esa exposición era resaltar la belleza de la figura humana. Verdad o no, es cierto que en esa cultura existía una especie de culto hacia la perfección del cuerpo.

Y para finalizar por hoy, aunque habría mucho que contar sobre los Olímpicos, los de la antigüedad y los de la era moderna; quiero cerrar el artículo con algo que me ha llamado la atención y que creo que deberíamos de reflexionar sobre ello, ahora que celebramos unos Juegos Olímpicos y asistimos a la vez, imperturbables, a las guerras que están ocurriendo   en nuestros días.

Resulta que existía durante la celebración de los Juegos, una tregua o pacto olímpico que consistía en que los atletas y espectadores que viajaban a los distintos eventos podían hacerlo libremente y sin ningún temor, ya que, a unos y otros se les consideraba que estaban durante todo este tiempo bajo la protección del Dios Zeus, y  nadie estaba dispuesto a correr el riesgo de enfrentarse a un dios tan poderoso

El Comité Olímpico Internacional y Naciones Unidas, quisieron en 1992 durante los juegos de Barcelona, revivir este mito, por la guerra con Bosnia, pero, ¡claro!  sin éxito.

Estos son otros tiempos dónde hay muchos intereses en juego y también muchos oros que no son precisamente los olímpicos.

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