Hablemos de guantes
Una prenda que a lo largo de los siglos ha mantenido dignamente su rango frente a los vaivenes de la moda, es decir, del cambiante uso o costumbre que estando en boga durante cierto tiempo o en determinado país o región del mundo, deja un día de estarlo y entonces solemos decir aquello de, ya pasó de moda. Pero no los guantes.
En estos días, revisando una caja, de esas que todos guardamos alguna, con papeles, facturas, alguna foto de abuelos o parientes lejanos, tarjetas navideñas y algún periódico o revista de muchísimos años atrás, pues me encontré en un periódico un anuncio bastante grande, de unos almacenes donde aparecía, unas manos enfundadas en unos guantes hasta el codo, haciendo alusión a la femineidad y la elegancia, pero lo que me llamó la atención fue la frase que aparecía al final del anuncio: ”Por eso, la moda, aun siendo pasajera y mudable, jamás los ha proscrito” Esto me dio que pensar, ahora que estamos en plena estación de frio y también de celebraciones donde uno acude elegante, pensé en dar un recorrido por la historia de tal complemento.
Hablemos pues de un poco de todo esto aguzando nuestra curiosidad.
La palabra guante se deriva del alemán wanta; y es principalmente, abrigo para la mano, y por lo tanto hecho para adaptarse adecuadamente a ésta para protegerla. Pero su confección puede ser de muy distintos materiales, según los diversos usos a los que se destina, ya que existen modas impuestas por motivos económicos, climatológicos, bélicos etc. ¿Cómo catalogarlos entonces dado que tienen muy diversas aplicaciones que no están dictadas por la moda solo para el embellecimiento de la mano femenina? Pero hoy aquí vamos a bucear en el conocimiento del guante y la femineidad.
La moda es caprichosa, y yo diría que la mujer lo es aún más, y eso ha llevado a que este complemento del vestuario femenino haya sufrido cambios a lo largo de los años y que se confeccione con distintos materiales, alejándolos de la siempre bienvenida elaboración con lana. Actualmente es habitual su confección con gamuza, cabritilla o ante, piel de cerdo, entre otras pieles, y para lucir espectacular en algún evento de gala, se utilizan de lino, o de seda.
No es cualquier cosa su elaboración, que, aunque se resume a tres pasos: corte, cosido y acabado debe de hacerse con una precisión casi matemática para que ajusten bien y sea el origen de una frase que resume lo bien hecho de cualquier prenda. ¿Quién no ha escuchado alguna vez, probándose algún vestido aquello de ? “Te queda como un guante.” Frase que define la perfección. Pero hay más, una vez finalizados las tres operaciones anteriores, llega a lo que podría definirse como el proceso de adorno, ¡Tan importante! para cualquier prenda femenina, y es entonces que esta prenda se convierte en lujo, con sus bordados y pedrería. Todo o casi todo se vale para su adorno.
Pero el guante viene de lejos, de muy lejos, hablando en tiempos de historia, y su industria alcanzó gran importancia en Europa en países como Inglaterra, Francia, Italia y España, donde su máximo esplendor corresponde al siglo XVI.
Vamos más atrás, como prenda de vestir, su antigüedad se remonta a las civilizaciones de Asia. En Egipto se han encontrado guantes de lino en sepulcros de algunos faraones, como en el caso de Tutankamen.
De Oriente, por la senda y de la mano de la cultura, pasó su uso a Grecia y Roma, y, finalmente los pueblos nórdicos que los utilizaron tan solo para preservarse de la dureza despiadada del frío propio de aquellas regiones del planeta. Allí se fabrican por primera vez el que se conoce como manopla, sin separaciones, con solo una para el dedo pulgar, especial para uso de los más pequeños.
El guante cobró notoriedad durante la Edad Media caballeresca, donde fue signo de autoridad, usándolo, por eso, los reyes, emperadores, y señores feudales. Y hubo otro uso muy común que por nadie es ignorado, y más que uso aplicación, es como sinónimo de ruptura de la paz, de desafío etc; “arrojar el guante” equivalía a una declaración en forma de la guerra; recogerlo que se aceptaba el reto; golpear el rostro de una persona con el guante daba origen a un duelo a muerte, en defensa del honor ultrajado… No hay que olvidar que en aquellos días también jugo un destacado papel en la liturgia y el ceremonial religioso, siendo usado por los príncipes de la iglesia en determinadas solemnidades.
De estos, y otros escenarios lujosos y principescos, bajamos algunos peldaños en su escalafón y los encontramos en un rin, boxeando, en la NASA, con los astronautas en la Luna; y como no, los que se usan para practicar la esgrima, amén de otros deportes. También los especiales para trabajos determinados en la industria, que implican riesgos.
No podría finalizar este recorrido sin volver al guante y la mujer a esos guantes de latex que los usamos todos los días, ¿para qué? Pues para el trabajo hogareño.
Quizá en alguna otra ocasión nos volcaremos en todos ellos, esos que ya no forman parte de los considerados de moda y cuyo objetivo es adornar y embellecer a la mujer que los porta; sino los de uso específico. Pero hoy, ahora que estamos en temporada de frío, nos fijaremos solo en los que en su origen fueron creados con un solo objetivo: mantener calientes nuestras manos.