Cristóbal Colón El viaje antes del viaje

Cristóbal Colón, el viaje antes del viaje

No es nada fácil ahora, y no lo era en los años en que Cristóbal Colón buscaba un patrocinador para su proyecto, encontrar quien pusiera sin más el dinero sobre la mesa lanzándose a la aventura con él. Por eso lo he querido retratar con esta frase “el viaje antes del viaje”.

Nos situamos en el año de 1484, Colón después de años de estar trabajando en su gran viaje siente que ya lo tiene listo para proponérselo a los príncipes europeos, así empezó un viaje que duró muchísimo tiempo, Colón peregrinó de un reino a otro con la esperanza de que alguno se mostrase interesado en financiarlo. Pero a Europa, a la vista está, no le resultaba interesante un proyecto que no tenía nada de tangible, todo estaba en la mente del genovés, en este momento vamos a dar por hecho que era oriundo de Génova.  

Hay que decir, que sí, que era un proyecto innovador lo mismo que inviable en el doble postulado en qué se sustentaba. Uno afirmar que existían tierras muy extensas según Colón, pobladas que se situaban a poniente, y que esas tierras estaban ligadas al territorio que se conocía de Asia. Para llegar a esa conclusión había que reducir en gran medida el globo Terráqueo, algo que solo él hizo.

Pero volvamos a ese peregrinar que empieza en Portugal. Es allí donde Cristobal Colón hace el primer ofrecimiento en 1484, al rey Juan II de Portugal. Recordemos que en aquel momento es Portugal el país más experimentado y documentado en todo lo referente a la navegación, contaba con los mejores cartógrafos y los más experimentados navegantes, amén que de una tecnología   que ahora llamaríamos de punta para la fabricación de navíos.

El rey no lo rechaza, le da largas, quiere sonsacarle la latitud en que él navegante piensa hacer su internamiento, para este fin lo deja curiosear y cambiar impresiones con sus expertos. En ese ir y venir es donde Colón se hace del astrobario, o astrolabio, una herramienta indispensable para la navegación de altura, que fue creada por los griegos y perfeccionada por los árabes, y que al día de hoy aún se utiliza.

Después de un año de espera y sin una respuesta por parte del rey portugués en 1485 Colón decide marcharse a Castilla junto a su hijo Diego.  Allí las cosas parecen presentarse mejor para el proyecto del navegante; el 20 de enero de 1486 tiene una entrevista con los Reyes Católicos, que en una primera instancia parecen interesarse en ese gran viaje que propone el marino genovés, que desde ese momento se convierte en el protegido de los monarcas, que además le asignan un monto económico para su sustento en lo que durarían las negociaciones. ¡Negociaciones que se alargaron por seis años!

Unos seis años que no están inmóviles, Colón busca acercamientos con otros monarcas europeos y para ello utiliza a su hermano Bartolomé Colón que se entrevista con Enrique VII de Inglaterra en 1488, pero una vez más sin resultados. Parecía que la historia había cerrado una puerta muy poderosa al proyecto tan buscado por el Almirante.

Colón, ya totalmente desanimado en 149, abandona Castilla  y hace pie en el Monasterio de la Rábida  en Palos de la Frontera donde ya había estado con anterioridad y es allí finalmente, donde esa enorme puerta se empezará a abrir para hacer viable la gran aventura del descubrimiento.

El Monasterio, de la orden franciscana, acoge, escucha y apoya a Colón, en especial Fray Juan Pérez que había sido confesor de Isabel la Católica y que ejercía una gran influencia sobre la reina.  El fraile habla con ella, lo hace en parte como alguien versado en el conocimiento y lo más importante para Isabel, como alguien que tiene el aval divino para decirle que tiene que escuchar y tiene que pensar.

Pero existía un contratiempo mayor para la aceptación de los reyes a financiar el viaje, no había recursos. Todo el dinero del que se disponía estaba metido en la reconquista del reino de Granada, que, dicho sea de paso, era el objetivo primordial de esa reina tan religiosa, tan católica, librar al reino de Castilla y Aragón de los infieles.

Aparece entonces otro personaje, un judío converso, alguíen muy cercano a los reyes, sobre todo a la reina ya que ejercía algo así como jefe de asesores de su majestad, era Luis de Santángel, con el dinero suficiente para financiar el viaje y el interés político de que Colón se embarcara cuanto antes en su aventura.

Santángel sospechó desde el principio que Colón era de origen judío, de ahí su apoyo incondicional a su proyecto, creía firmemente que lo que proponía, ese viaje  pensado, meditado, durante tanto tiempo podía ser efectivamente el encuentro con esas tierras lejanas, y convertirse en  un salva guarda para los judíos, ese pueblo errante que no tenía cabida en ningún lugar y que en ese momento tenían que abandonar la que había sido su tierra, su hogar, porque Castilla solo podía ser católica

Con su influencia fue uno de los artífices de las Capitulaciones de Santa Fe, que es solo un documento oficial entre los Reyes Católicos y Cristobal Colón. En él se le otorga el título de Almirante y los privilegios de virrey y gobernador de las tierras que descubriera.

El 30’ de abril de 1492, y ya con las capitulaciones firmadas llega a Huelva una misiva real donde entre otras instrucciones, se le ordena al  gobierno de la municipalidad, se le proporcione a Colón lo que le sea necesario, además de dos navíos para tal propósito.

Después de oír Misa, el 3 de agosto de 1492 zarpan de un pequeño puerto de Palos de la Frontera la nao Santa María, nave capitana y las carabelas La Pinta y la Niña. A bordo de ellas van Colón, los hermanos Pinzón navegantes con mucha experiencia y Juan de la Cosa, armador de la Santa María, además de ser un cartógrafo y navegante experimentado. Y con ellos 90 marineros.

¡Había empezado el viaje hacia el descubrimiento!

 Esta historia, tiene mucha más historia; se han quedado cosas interesantes y anécdotas en el tintero. Por ejemplo del miedo que circulaba entre algunos de los marineros ante la leyenda que se conocía de la existencia de enormes monstruos marinos que engullía a los navíos o la gran cascada que existía en el horizonte y que era el fin del mundo; o la cantidad con la que contribuyó Santángel  al proyecto; o la historia de algunos otros pasajes de  la vida  de Cristobal Colón en España donde tenía familiares directos y donde parecía sentirse muy a gusto. Tampoco hemos hablado del hijo ilegítimo que tuvo el Almirante en España con una muchacha muy joven de origen humilde con la que no se casó, pero tuvo ese hijo Hernando Colón, biógrafo cartógrafo y que toda su vida se dedicó a ensalzar la figura de su padre; al que acompañó a América en su cuarto viaje.

Pero hablar de todo eso y más habría que elaborar una colección de artículos, que desde luego resultarían muy interesantes, al menos para mí, porque  yo estoy convencida que cada uno de nosotros somos parte de la historia que conocemos .

Por hoy lo dejo aquí, no sé lo que tú puedas pensar de todo lo que cuentan estas cuartillas, me gustaría tú comentario al final del texto, ya sabes, en el recuadro para tal fin.

¡Y quién sabe, quizá algún día, yo vuelva a escudriñar la vida de  Cristóbal Colón.! ensalzado por la historia  y rechazado y hasta odiado por muchos pueblos del continente que él sin proponérselo descubrió.

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