Carl Sagan contemplando el cielo estrellado con la Vía Láctea y un radiotelescopio al fondo, alusión a la misión Voyager.

Carl Sagan

Quizá soy repetitiva al mencionar en mis últimos artículos una y otra vez la cercanía, creo más bien, que se debe llamar atracción del hombre hacia el universo, pero es un hecho que a medida que las estrellas aparecieron en el cielo el hombre ha mirado hacia arriba tratando de responder a una pregunta, cuál es su lugar en el universo.

Un hombre jovial, siempre sonriente, despreocupado en su manera de vestir, con la apariencia de que nada es complicado, ni mucho menos difícil, esa era la personalidad de Carl Sagan, astrónomo, astrofísico, divulgador científico, además de un gran escritor y que miró al cielo desde que era un niño. Siempre tuvo un perfil de un científico muy joven, audaz, dispuesto a desafiar a ese universo que le atraía tanto. Nada que ver con la imagen que se tiene de un científico, en un laboratorio, con su bata blanca, y delante de un pizarrón contemplando ecuaciones.

Es indudable que la genialidad te lleva a romper los cánones establecidos, eres diferente, y quizá sin tu saberlo abordas la vida de manera distinta. Eso es exactamente lo que él hizo.

Cuando el tema de la inteligencia extraterrestre era tratado con cierto escepticismo en los espacios donde se “hacía ciencia” él lo manejaba como algo que era una realidad y que estaba ahí esperando. Así que se convirtió en pionero de envíos, a través del proyecto SETI, a bordo de sondas espaciales, de mensajes destinados a informar a otras posibles civilizaciones extraterrestres acerca de nosotros los habitantes del planeta tierra.

Hoy día se habla del efecto invernadero, se habla mucho, y muchos sin conocer de lo que hablan, y pocos o muy pocos conocen que Sagan a partir de sus observaciones de la atmósfera del planeta Venus fue de los primeros científicos en estudiar este fenómeno a escala planetaria.

La curiosidad y pasión que sentía por el cosmos, lo convirtió en un personaje relevante en la exploración y estudio del espacio, que empezó en su infancia. Con solo 5 años de edad sus padres lo llevaron a la Exposición Mundial de 1933, en la ciudad de Nueva York. El niño que era entonces quedó tan impresionado ante las imágenes futuristas que contempló, que ya nunca se desvió la vista del cielo y de lo que sería su vocación

Con solo 20 años, en 1954, se graduó como físico en la Universidad de Chicago, y en 1960, en la misma universidad obtuvo el doctorado en Astronomía y Astrofísica. Posteriormente impartió clases de Astronomía y Ciencias del Espacio en la Universidades de Berkeley, Harvard y Cornell.

Aparte del proyecto SETI, dedicado a la búsqueda de vida extraterrestre a través de señales de radio, quizá lo que más le apasionaba, también fue consultor permanente de la NASA desde los años cincuenta donde desempeñó un papel protagónico en la exploración lunar y en el reconocimiento preliminar del Sistema Solar que se realizó con las misiones Pioneer, Mariner, Vikig, Voyager, Magallanes, Galileo y Cassini.

Sería imposible aquí, hacer mención a todos los galardones, premios y medallas que recibió durante su vida. Todos conocemos que a tales logros corresponden tales reconocimientos, por lo mismo creo más importante que en estas líneas se menciones otros aspectos de su trayectoria, aspectos que han pasado a veces desapercibidos.

Además de lo ya mencionado, fue un activista e incansable defensor del medioambiente y del desarme nuclear. Estudió, criticó y puso en alerta al mundo de las consecuencias que traería una guerra nuclear a lo que llamó “invierno nuclear”

Ciencia, literatura, educación y conservación del medio ambiente, pero también fue un gran adversario de las religiones, aunque nunca se atrevió a negar la existencia de Dios, pero siempre sostuvo que la consigna según la cual los alegatos extraordinarios requieren evidencia extraordinaria, y ya que la religión, no importa de la que se hable, hace alegatos extraordinarios, él habría esperado evidencia extraordinaria como requisito para aceptar una creencia religiosa… pero nunca la encontró. Por lo mismo vivió y murió como agnóstico.

El ser humano recorre una travesía, desde el mito y la superstición, aún hoy vigentes, hasta llegar a la comprensión científica y ese camino no es más que una historia de perseverancia y evolución intelectual, tan poco valorada y tan necesaria.

Carl Sagan sabía mucho de eso y todas las reflexiones que hizo a lo largo de su vida nos invitan a celebrar los logros de la ciencia al tiempo que reconocemos la necesidad de la curiosidad, para descubrir las verdades de nuestro mundo y más allá.

Este carismático científico, enamorado de la astronomía entendió que había que sacarla a la calle, y eso hizo, la puso al nivel de cualquier ignorante del tema sin importar ni edad, ni el nivel de estudios, si eran niños jóvenes o ya adultos, nada, porqué con un lenguaje sencillo y un vocabulario conocido hizo posible la explicación sobre el cosmos y el misterio de la vida.

Conociendo un poco su personalidad pienso que de las cosas que le han de haber dado más satisfacción, más que medallas y premios han de haber sido estas tres que te menciono a continuación.

Como reconocimiento a sus investigaciones sobre exobiología le ofrecieron describir el término VIDA para la Enciclopedia Británica.

El lugar de amartizaje de la misión Mars Pathfinder fue nombrado en su honor, como estación Carl Sagan Memorial.

Un asteroide, el 2709, fue bautizado con su nombre

Publicó muchos libros entre ellos quizá los de mayor divulgación fueron: Los dragones del Edén, El cerebro de Broca, El Cometa, Un punto azul pálido, El mundo y sus demonios, Comunicación con inteligencias extraterrestres, La conexión cósmica, Miles de millones, Sombras de antepasados olvidados y una sola novela: Contacto que fue llevada al cine en 1997.

Cael Sagan nació en Brooklyn, Nueva York un once de noviembre de 1934, hijo de un judío emigrante ruso, de lo que hoy es Ucrania y de Rachel Molly Gruber, americana. Su padre comerciante durante los años difíciles de la Depresión, y su madre ama de casa al cuidado de la educación de sus hijos

Sagan se casó tres veces, primero con la bióloga Lynn Margulis; después con la artista Linda Salzman, la cual le ayudó en el diseño del mensaje interestelar en las placas del Pionner 10; y finalmente con Ann Druyan con quien estuvo hasta su fallecimiento en Seattle, Estados Unidos el 20 de diciembre de 1996.Tenía 62 años .

Como dirían algunos se fue demasiado joven, pero lo que dejó para las siguientes generaciones de astrónomos e investigadores en el campo de la exobiología, es de un valor incalculable.

Volviendo al terreno de los mitos. Se ha dicho siempre que los mejores, los más valiosos, los más buenos se van mucho ante; y si se vale fantasear yo me pregunto ¿Podría ser que se van quizá a preparar el camino para los que llegaremos después?

Carl Sagan, el hombre que desde niño soñó con las estrellas, hoy está con ellas. Gracias por imaginar mucho antes lo que hoy es una realidad.

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