¿Conoces a Juan Villoro?
Novelista, cuentista, dramaturgo, ensayista, autor de libros infantiles, cronista, articulista, traductor… además de sociólogo y conferencista.
A sus 70 años de edad acaba de recibir el Premio Internacional Carlos Fuentes 2026. Siempre me he preguntado porque hay ese “desequilibrio” a la hora de otorgar los premios, sobre todo los que se consideran más importantes, no importa que país lo otorga. ¿Qué intereses se mueven? ¿qué turbios manejos hay bajo el agua que descalifican a escritores brillantes? La corrupción, que en su momento ya comenté que había llegado al mismísimo Premio Nobel. Todo esto viene a colación haciendo referencia al premio que se le acaba de otorgar a Juan Villoro, un premio, comentado por muchos especialistas en el tema, más de ornato que otra cosa. Entonces qué es lo que necesita Villoro, o en su momento habría necesitado Juan Rulfo, para mí con perdón de todos los demás, el mejor escritor de México de antes y hasta el día de hoy, que, con una sola obra, Pedro Páramo, se colocó en lo más alto de la literatura castellana. Un libro que tendría que ser de cabecera para todos los nacidos en el país. Pero bueno, volviendo a Juan Villoro es cierto que ha recibido distintos premios como Xavier Villaurrutia en 1999 o el premio de narrativa Antonin Artaud de la Embajada de Francia en México en 2008; el Premio Mazatlán 2000; o en el 2004 el Premio Herralde, y otros más, cómo digo, le falta uno de los grandes, por ejemplo, el Premio Cervantes. Pero la envidia y las zancadillas viven entre unos y otros de los que se llaman así mismos grandes escritores y que desconocen la palabra humildad que debería de ser con ella con la que demostrasen esa “grandeza” pero todos o casi todos la dejan de lado. No así Villoro que ha expresado en distintas ocasiones: “Hay que estar más orgulloso de los libros que leemos que de los que escribimos.” No todos comulgan con esa idea.
Era un atardecer frio en Pachuca, junto con otras personas yo esperaba en la Biblioteca Ricardo Garibay, no había mucha gente, como es habitual en esta biblioteca, que transmite más tristeza que cultura por lo poco que se trabaja para promocionar eventos que le den ese estatus de faro cultural que debería de tener. Pero parece que la cultura hoy, aquí, se sigue entendiendo como una serie de tradiciones y manifestaciones que generan identidades inamovibles en cada municipio y que, en ciertas fechas, para ciertos eventos, se reagrupan en la capital para mostrar lo que se trabaja en la Secretaría de Cultura de Hidalgo.
En un determinado momento todos los asistentes fijamos la mirada en la figura que acababa de aparecer: 1.90 aproximadamente de estatura, complexión delgada, con una barba que ya tendía hacia el gris plateado, con jeans , camisa a cuadros y suéter. Sus ojos de un marrón otoñal mostraban una mirada cercana capaz de dialogar sin palabras con quien lo cuestionara, su figura imponía, pero a la vez se sentía cercana. Su sonrisa, antes de empezar a hablar ya nos había atrapado a todos, y por hablar, habló de todo, más que una conferencia fue una charla entre amigos. Contó de su afición al fútbol como nació a raíz del divorcio de sus padres, cuando su padre empezó a llevarlo al estadio cada domingo para ver el partido; contó de cómo a partir de esa situación vivió largas temporadas con una abuela que escribía best sellers de autoayuda para colegios católicos. También contó de sus primeros años de escuela en el Colegio Alemán donde adquirió un dominio del idioma que con los años lo llevó a ser Agregado Cultural en la Embajada de México en Alemania.
Atrapados en el mundo de fácil palabra, escuchándolo, viajamos desde la crónica pasando por el relato, la anécdota y por supuesto la narrativa, porque ¡claro! habló de libros, los suyos y los de otros y así, sin darnos cuenta, el tiempo nos llevó a las preguntas y fue en entonces que apareció esa humildad a la que antes hice referencia No había uno más importante que otro, con más cultura o más conocimiento de la obra y del personaje. Para Juan Villoro todos eran importantes, y ante las preguntas que se le hacían el respondía primero con un ¿cómo estás? Qué bueno que estás aqu… antes de responder a lo que se le había preguntado.
La pluma de Juan Villoro se pasea con soltura y conocimiento y también a veces humor, por las líneas de la crónica, el ensayo, la novela, el relato, el cuento, el libro infantil y todo empezó cuando con solo quince años se encontró con la lectura de la novela “De perfil” de José Agustín . Villoro se identificó con el protagonista que, curiosamente su problemática de vida era muy parecida a la suya. A partir de ese encuentro, escribió dos cuentos y con ellos bajo el brazo se apuntó al taller del escritor ecuatoriano Miguel Donoso que recibía estudiantes universitarios. Fue allí el inicio de esa trayectoria literaria que con el tiempo ha revelado una forma de la literatura que ha traspasado fronteras y caminos y cierro el párrafo con una frase del escritor donde nada queda fuera. “La geografía de la imaginación permite influencias diversas.”
De su extensa obra quiero recomendarte dos títulos:
DIOS ES REDONDO. un título muy atractivo, tanto si eres amante del deporte, como si te interesa saber más sobre su similitud a una fe sin credo y otros aspectos de nuestra vida que nunca hubiéramos imaginado caminan paralelamente con el rodar del balón.
EL LIBRO SALVAJE. Solamente quiero expresar sobre este título que todos los adolescentes y padres con hijos adolescentes deberían leerlo. Un texto revelador para todos, una lectura de enseñanza y aprendizaje.
Bueno, después de tantas líneas, te pregunto, ¿conoces un poco más a Juan Villoro?