Ilustración artística del Proyecto Aurora Inteligencia Artificial representando el amanecer de la ciencia

Proyecto Aurora: el amanecer de una nueva inteligencia

Es innegable que las grandes revoluciones científicas cambiaron nuestra manera de entender el universo; la Inteligencia Artificial cambiará nuestra manera de descubrirlo.

Cuando me preparo para buscar material para seguir alimentando este conocimiento desconocido que es la IA, siempre recuerdo lo que es prepararse para salir por algo sin saber qué es lo que buscas y mucho menos sin una idea de lo que te puedes encontrar; pero la curiosidad tira de mí aunque lo considere en un inicio una tarea poco más que estéril, ¿por qué? pues el buscar siempre relacionar el origen, pues hay uno mucho antes de aparecer el hoy, y después, la curiosidad de lo que evolucionará para un mañana. En su origen todo se encadenó, veamos: la rueda transformó la movilidad, la imprenta fue el origen de que se multiplicara el conocimiento, después el telescopio modificó drásticamente la imagen que se tenía del universo… y así podríamos enumerar algunos más, hasta llegar a la computadora, algo sorprendente, que cambió la forma que se tenía de procesar la información Una secuencia de herramientas que marcan un antes y un después, como digo, en el origen del ayer llegando hasta hoy y siguiendo hacia el mañana. Y así, en el tiempo del aquí y el ahora aparece Aurora.

¿Qué es o quien es Aurora? Aurora es algo importante, es el amanecer de una nueva ciencia. Desde que el ser humano levantó por primera vez la vista hacia el cielo, comprendió que el conocimiento empieza siempre con una pregunta: las estrellas, el movimiento del sol, el nacimiento del día o el misterio de las estaciones, fueron mucho antes que las ecuaciones, preguntas y motivo de asombro. Dicen, sobre todo los sicólogos, que quien no se cuestiona preguntar sobre lo que le causa asombro se estanca… y reflexionando sobre esto, me pregunto si el asombro no será el verdadero origen de la ciencia. Entonces no es extraño que una de las supercomputadoras más poderosas construidas por el ser humano haya recibido el nombre de Aurora. He tratado de averiguar porque los responsables del Laboratorio Nacional de Argonne, Illinois, eligieron ese nombre, no hay nada, es curioso ningún documento oficial explica su origen. Sin embargo, pocas palabras poseen una fuerza simbólica tan sugerente.

Ahora voy al pasado, al conocimiento que embellece cualquier historia. En la antigua Roma, Aurora era la diosa que anunciaba el comienzo del día. Cada amanecer abría las puertas del cielo para permitir el paso del Sol. No era la diosa de la luz, sino la mensajera de la luz. Su misión consistía en anunciar que una nueva jornada estaba a punto de comenzar. Quizá nunca sepamos si quienes bautizaron la máquina tenían en mente esa figura mitológica, pero resulta difícil no darse cuenta de la belleza de esta coincidencia. La palabra Aurora significa el comienzo de una nueva era, como también el nacimiento de un nuevo día; y precisamente eso parece representar esta máquina: el amanecer de una nueva forma de hacer ciencia.

Pero, ¡ojo!, Aurora no es una Inteligencia Artificial, es una enorme infraestructura de cálculo, y la IA es solo uno de los instrumentos que trabajan en su interior. Imaginando, porque yo soy mucho de imaginar, veo a Aurora como una gigantesca “ciudad del conocimiento.” En esta ciudad conviven miles de procesadores capaces de realizar cálculos a velocidades extraordinarias; pero entre ellos trabajan también sistemas de Inteligencia Artificial especializados en aprender a partir de datos.

En el correr del tiempo cada gran revolución científica ha estado asociada a una nueva herramienta. Galileo dirigió por primera vez el telescopio hacia el cielo, Newton convirtió la naturaleza en lenguaje matemático, Einstein comprendió antes que nadie que el espacio y el tiempo eran los protagonistas del universo. Todos estos avances compartían una característica: la inteligencia que lo descubría pertenecía exclusivamente al ser humano. Hoy con Aurora estamos empezando a entrar en un territorio diferente, ella representa una nueva generación de máquinas cuya finalidad ya no consiste únicamente en calcular con mayor rapidez. Aurora combina una inmensa potencia de cálculo, el análisis de enormes cantidades de información y ¡cómo no! la estrella de los tiempos actuales: la Inteligencia Artificial como colaboradora del proceso científico.

Hoy con Aurora me ha sucedido lo que algunas otras veces cuando empiezo a trabajar sobre el mundo de la IA y todo lo que la rodea, y una vez más, llego a la conclusión de que hay mucho por descubrir y conocer, mucho que investigar para ver hasta dónde podemos llegar, hasta que nos aparezca algo así como “no pasar.”

Entre tanto yo voy a seguir hurgando y sacando a la luz lo que encuentre, porque el conocimiento y su recorrido al día de hoy, no lo olvidemos nunca, sigue siendo territorio del hombre.

Recuerda: Con la Inteligencia Artificial estamos viajando hacia el infinito.

Hasta la próxima.

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