Una mujer Rarámuri, atleta de alto nivel
La tarde desciende acariciando las majestuosas barrancas de la sierra Tarahumara, sopla un viento suave que refresca la aridez de la tierra de los senderos que recorren la barranca de la Sinforosa, la más respetada y admirada de toda la sierra. Ese es el momento del día en que María Lorena Ramírez y sus hermanos se preparan para hacer su recorrido de alrededor de 18 a 20 kilómetros diarios, subiendo y bajando imponentes acantilados y barrancas como única preparación para después, salir al mundo, y participar en grandes competiciones.
Lo interesante aquí es que María no hace ese recorrido diario como una disciplina pensando en su participación en futuros eventos, lo hace porque lo ha hecho siempre, desde niña, pastoreando su pequeño rebaño de chivas y lo más importante, expresado por ella misma, porque eso la hace feliz, caminar y hacerlo con sus hermanos. Me gusta ser una mujer rarámuri me gusta mi cultura, y la tierra que me vio nacer, y todo ello me hace feliz.
Llegados a este punto no puedo dejar de referirme a la idea subjetiva de la definición de la felicidad, y para ello comento lo que opinó el escritor Jorge Luis Borges en cierta ocasión que estando en una entrevista le preguntaron si era feliz, la respuesta tiene mucho de análisis para el que quiera escudriñar en ella:
Su respuesta fue tajante: “Soy humano, ¿cómo puedo ser feliz?”
Pero volviendo al caso de la corredora rarámuri , que indudablemente si es feliz, siente y transmite esa felicidad con sus palabras y sus gestos cuando se refiere a su vida y a su entorno, la respuesta es mucho más sencilla, y que nace del corazón; quizá la respuesta es tan simple como: valoro y amo lo que tengo sin desear nada más
María Lorena Ramírez Nahueachi nació un 1º. de enero del año 1995 en Guachochi, Chihuahua, en una familia donde tradicionalmente han existido corredores y su padre la lleva a una primera carrera a los 12 años.
Hoy con sus 29 años es el orgullo de su comunidad de su estado y de su país. Es una corredora de fondo, participando y ganando carreras de más de cien kilómetros en México y Europa, y que a pesar de sus triunfos sigue teniendo esa sencillez que solo algunos logran mantener en su esencia.
Ella corre con sus vestidos típicos de las mujeres rarámuris; falda larga, ancha o ampona con varias enaguas debajo; de colores fuertes y brillantes y blusa corta de manga ¾ haciendo juego junto con una pañoleta en la cabeza. Sus pies, que están hechos para correr se calzan, desde que era una niña, con unos huaraches o sandalias de plástico totalmente planos que nunca golpean el suelo, más bien se deslizan aterrizando sobre el medio pie, en lugar de hacerlo con el talón. Es por eso que la suavidad acaricia el suelo.
Una mujer arraigada fuertemente a sus orígenes y, creencias indígenas a la vez qué a su inmersión en la cristiandad a través del agua bautismal de la mano de los jesuitas, que se convirtieron desde hace mucho tiempo parte fundamental del mundo rarámuri . Mestizaje de creencias que se reflejan en los ritos ceremoniales que festejan el ciclo agrícola con rituales ancestrales, a la vez que incorporan las celebraciones religiosas de la Semana Santa, el día de la Candelaria, y desde luego las fiestas patronales indispensables en el calendario de las festividades de la iglesia católica.
Me pregunto, si Lorena cuando se prepara para correr en una competición y se encomienda al Padre ¿lo hace en español o en náhuatl? Me hago la pregunta porque ella siempre se comunica en su lengua nativa, y no es que no quiera hacerlo en español, lamentablemente en este México con desigualdad marcada entre hombre y mujer, sobre todo en las comunidades indígenas dónde la precariedad está siempre presente, la mujer, en la mayoría de los casos, no tiene posibilidad de cursar una educación básica completa pues eso se reserva para los hombres, y ellas quedan relegadas para hacer los trabajos de la casa.
Este es el caso de esta atleta, que como ella misma expresó, entiende muy bien el español, pero al no haberlo cursado en una escuela, no tiene facilidad para expresarse en esa lengua pues le faltan conocimientos. Así que cuando la entrevistan siempre está con ella su hermano mayor, Mario, que es el que le sirve se intérprete.
Hablando de lenguas y lenguajes, ahora que estuve investigando para este artículo, me encontré con un dato muy interesante.
México cuenta con 11.13 millones de habitantes indígenas los cuales hablan 364 variantes lingüísticas pertenecientes a 68 etnias.
Una riqueza que se debe de proteger y conservar, lo mismo que el castellano que al tener ese encuentro con las lenguas indígenas perdió esa dureza propia de sus sonidos y se dulcificó con los tonos musicales que las caracterizan.
María Lorena Ramírez Nahueachi, seguirá corriendo y poniendo el nombre de México muy alto, lo seguirá haciendo porque nació, como todos los ráramuris, para correr y lo hará a pesar de que no recibe apoyo gubernamental, y, se financian ella y sus hermanos corredores a través de donativos que se recogen en una página web creada por ellos.
Seguirá corriendo a pesar de que hay gente que la ha engañado y lo seguirá haciendo cuando le proponen entrevistas, videos etc, ofreciéndole lo que luego no le dan, aunque se obtienen buenos dividendos.
María Lorena seguirá corriendo, lo hará en la Sinforosa y en eventos y competiciones de todo el mundo, vistiendo sus faldas de colores brillantes y sus huaraches de plástico, admirando al mundo con su tez morena, y con sus grandes ojos oscuros donde asoma una palabra que hoy en día pocos poséen…FELICIDAD