Lady Godiva

Historia y Leyenda de Lady Godiva

Hoy la historia de cualquier país, y en la antigüedad en cualquier reino va acompañada de leyendas de uno u otro tipo, que la arropan con un componente de realidad y con elementos imaginarios y que como es sabido en su origen se transmitían oralmente. En el caso de una leyenda histórica como es de la que vamos a hablar el día de hoy se sitúan en parte en un acontecimiento puntual y generalmente con un personaje ligado a la nobleza.

Esta es una leyenda inglesa, país que es sabido tiene muchísimas, y de todo tipo, a cual, más sorprendente, pero en este caso el personaje existió, Lady Godiva fue una hermosa mujer de larga cabellera de un rojo intenso, que nació en el condado de Conventry en el año de 980 en el siglo XI. Que se casó con el Conde de Mercia y Chester, Señor de Conventry, Leofric

En esos años la economía, eje alrededor del que gira antes y ahora el bienestar de cualquier pueblo se había hecho presente en el condado de Conventry donde sus habitantes vivían mayoritariamente en la pobreza, y el Señor de Leofic, al igual que lo habían hechos sus antepasados en tiempos anteriores en situaciones parecidas, aumentaba los impuestos y ponía nuevos tributos asfixiando a su pueblo.

Lady Godiva, muy cercana a la gente, se posicionó del lado de sus súbditos y trataba de una y otra forma de hacer entrar en razón a su marido para que fuera más condescendiente con ellos, pero él no la escuchaba por más razones que ella le expusiera, hasta que un día fastidiado de tanto ruego decidió darle una lección a su esposa humillándola ante todos.

Fue así que le propuso y, es aquí donde aparece la leyenda, que accedería a bajar los impuestos siempre y cuando ella aceptase pasearse por todo en condado completamente desnuda a lomos de su caballo.

Lady Godiva, aun sabiendo que lo que él quería con esta petición era más que otra cosa humillarla, no cedió en su propósito ni cambió de idea.

Firme en su decisión mandó a sus sirvientas que avisaran a todos los habitantes de lo que había decidido para ayudarlos y que les pedía que cerraran sus puertas y ventanas a su paso para no avergonzarla en su desnudez.

Llegada la hora, antes del amanecer, subió a su caballo, cubrió su cuerpo con sus largos cabellos rojizos y saliendo del castillo recorrió todos los rincones del condado.

El hermoso caballo blanco rompía con su golpeteo sobre las piedras el silencio conventual de las calles del pueblo, a la vez que el ruido se convertía en una música de victoria para la amazona.

Los habitantes se mantuvieron lejos de las puertas y ventanas de sus casas, por respeto a la condesa; todos menos uno. Cuenta la leyenda que el sastre del pueblo no pudo resistir la tentación de ver a la condesa cabalgando desnuda, así que la espió y también que al paso de la cabalgadura él quedó ciego.

Verdad o mentira, ese momento ya quedó registrado en la historia y Tom que era su nombre, se convirtió en PeeingTom, en inglés, mirón en español, y voayeur en francés, por cierto, figura que aparece con frecuencia en los films galos.

El conde de Leopfric, no tuvo más remedio de cumplir a lo que se había comprometido y abolió los impuestos que asfixiaban a su pueblo, además de que según consta en los archivos del monasterio de Conventry se cuenta con documentos que dan fe de donaciones y de la compra venta de terrenos y granjas en favor de los habitantes de su localidad.

Cierta o no la historia, entremezclada con la leyenda o no, pero como la queramos ver, esta es la historia de una feminista, una mujer que se enfrentó y retó a su marido por la justicia y la dignidad de un pueblo sometido y avasallado. Se atrevió a desnudarse y utilizar su cuerpo como arma de protesta, algo que en estos días lo vemos con frecuencia, y ¿cómo no? más de uno pensando que es un gesto inédito de estos tiempos.

Habría mucho que discutir y analizar sobre los distintos enfoques y orígenes de la desnudez, y lo que representa para las personas, pero para los que somos católicos es un hecho que desde que Adán Y Eva, en el paraíso terrenal descubren al morder la manzana que están desnudos, desde entonces, hemos tenido un problema con eso de quitarnos la ropa y aparecer en público como Dios nos trajo al mundo.

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