La lectura en los más pequeños, ¿qué les aporta?
En mi artículo de esta semana he querido tirar un poco más del tema del viernes pasado, ¿por qué? Por varios motivos, pero el principal es el querer plasmar aquí la riqueza que supone un libro en la vida de un niño. Es una herramienta fundamental para el desarrollo de sus habilidades cognitivas, lo mismo que le ayuda, en su proceso de socialización.
Desde mi punto de vista, los padres deberían de llevar un programa lector con sus hijos desde su primer año de vida, inclusive antes, y a lo largo de toda su primaria. Hay países que conjuntamente con las bibliotecas locales, o algunas guarderías, ya lo llevan a la práctica.
El niño de un año o menos, que es un bebé, desde luego no conoce las letras, pero si le acercas un libro, sus manos volarán hacia él queriendo tocarlo y acercárselo a la boca, y su mirada se alertará al recorrer sus llamativas ilustraciones siempre grandes y muy coloridas A eso hay que añadirle la voz reconocible de su madre que en un recorrido le señala y le explica lo que va apareciendo en cada página.
Este ejercicio de acercamiento madre, hijo y libro, es sin lugar a dudas el primer eslabón del niño con el mundo de los libros y, por ende, de la literatura.
Después vendrán otros eslabones que habrán de llevarlo hacia una actividad recreativa y de aprendizaje, como lo es la lectura diaria de un cuento antes de irse a dormir, generalmente llevada a cabo por la madre. Llegados a este momento sucede algo que es muy interesante pues se inicia lo que puede ser un inicio de lo que podríamos decir sería lo más cercano al debate:
El niño, finalizada la lectura puede hacer preguntas sobre algunas dudas que le han podido surgir, en general sobre algún comportamiento de algunos de los personajes de la historia en cuestión. La mamá le explica ahondando en el concepto de un equis comportamiento o sobre a lo que se ha referido el niño con su duda.
Ahora el hilo conductor hacia el hábito de la lectura en los más pequeños se ha hecho más fuerte, porque se ha fortalecido el vínculo con la madre, ella es cómplice de esos momentos tan emocionantes de conocer una historia cada noche; y no solo eso, existe
esa cercanía y confianza de poder comentarla con ella y darle una opinión desde su estatura literaria de los dos, tres o cuatro años.
Hay mucho más que comentar sobre este tema, yo diría que bastante más, se puede analizar el crecimiento lector del niño a lo largo de sus primeros 10 o 12 años de vida que es cuando el ya lpre adolescente, en su mayoría, ya ha hecho suyo el placer de leer.
Pero ese será en otro artículo o artículos, y en otros momentos.
Por hoy te recomiendo qué si tienes hijos en ese rango de edades, conjugues con ellos el verbo LEER en el presente de indicativo. Es el mejor regalo que le puedes dar para hoy y para su futuro.