Yo conozco Guadalupe III
Quizá hoy deberíamos de estar comentado sobre la Navidad y todo lo relacionado con ella, pero he querido darle el espacio y la importancia al tema Guadalupano, sus orígenes, su historia y su leyenda, y como no, su repercusión en Hispanoamérica sobre todo en México a partir de la conquista.
En mi artículo de la semana pasada hacía el comentario sobre acontecimientos que se llevaron a cabo en el Real Monasterio de Guadalupe en momentos clave de la historia de España y también hechos y anécdotas sobre dicho lugar y sobre la Virgen.
A partir de ahora la leyenda deja paso a la historia, porque es una verdad que todo lo que voy a escribir aquí está respaldado en los textos de la época y que no se presentan como una peculiaridad, simplemente forma parte de la narración histórica.
Empezaré por referirme a Cristóbal Colón, ese gran desconocido más allá de lo irrefutable, que era un gran navegante. Poco se saber de su vida, empezando por su lugar de nacimiento que al día de hoy no se sabe con certeza cual fue, lo mismo que se desconoce la gran de devoción que le tuvo siempre a la Virgen de Guadalupe cuya imagen viajaba con él siempre y a la que le encomendaba y le pedía su protección en todas las travesías.
Cuando llega a las Antillas en 1493, a la isla denominada por sus habitantes la isla Karukera, Colón la bautiza como la isla Guadalupe.
Seguimos con Cristóbal Colón.
En 1496 Los Reyes Católicos se encontraban, después de la reconquista de Granada, precisamente en Guadalupe. La reina, muy devota de la virgen, gustaba de pasar temporadas de descanso en dicho lugar y es allí donde reciben al Almirante de regreso de su segundo viaje.
Colón lleva consigo a dos indígenas taínos que son los primeros bautizados en Guadalupe se les imponen los nombres de Cristóbal y de Pedro y sus actas de bautismos se conservan hoy día en el monasterio; lo mismo que la antigua pila bautismal que actualmente forma parte de la fuente de la plaza de Santa María.
Dejamos al navegante y nos vamos con el escritor.
Todos conocemos a Miguel de Cervantes y sus obras y de ello podemos deducir por las veces que hace mención en ellas a Guadalupe, que él mismo era un ferviente devoto de la virgen; pero además lo confirmamos cuando nos enteramos, porque está documentado, qué en el año de 1580, tras ser liberado de Argel, viaja a Guadalupe y le ofrece a la virgen las cadenas y los grilletes que llevó puestos durante sus cinco años de cautiverio.
Por cierto, era habitual que los cautivos liberados ofrecieran como agradecimiento dichas cadenas las cuales se utilizaban para la fabricación de rejas para las iglesias. El monasterio en aquel tiempo tenían un lugar destinado donde los peregrinos las depositaban.
El Real Monasterio de Guadalupe ha sido y es lugar de peregrinaje de reyes y de personajes ilustres, no solo de España, también de distintos países sobre todo de esos países que conocieron a la Virgen con la conquista y que como el idioma y la religión se adueñó de ellos para siempre y se quedaron en su alma y en su corazón.
Para poder cerrar este recorrido por la historia de un lugar único y universal quiero referirme a un personaje de nuestros días, al Papa Juan Pablo II que peregrinó al Real Monasterio de Guadalupe en noviembre de 1982 y donde dejó escrito lo siguiente:
“Es conocida la estima que le tengo a la Virgen de Guadalupe de México, pero aquí están sus orígenes. Antes de haber ido a la Basílica del Tepeyac, debí haber venido aquí para comprender mejor la devoción mexicana”