Subestación Eléctrica Dos Carlos, una historia que contar
Una historia que podríamos ubicar como una escenografía cualquiera de los pueblos del lejano oeste del cine americano. En un entorno seco, con un viento que hace su trabajo llevando de aquí para allá hojas y ramas en calles de tierra suelta que al levantarse oscurecen la escena, y un poco más lejos, unos montes lejanos y alguna vegetación que, a duras penas, vive y sobrevive. Casas desvirtuadas por el paso del tiempo, donde se resguardan hombres y mujeres, de las miradas curiosas de los visitantes ocasionales.
Seguimos andando por un camino sin definir, pedregoso, en ocasiones acompañados de algún que otro perro, esos que son de todos y de nadie y también, en tramos bordeado de basura, una basura que jamás debió de estar ahí pero que forma parte de ese escenario triste donde ya no se levanta la voz, y ya no hay reclamo, porque la comunidad hace mucho tiempo que se siente abandonada.
De un momento a otro nos detenemos, así de la nada, aparece ante nuestros ojos la subestación Dos Carlos, una construcción imponente, soberbia, majestuosa a pesar de sus heridas del tiempo y que se niega a dejar de existir. Yo la miro y la imagino en sus tiempos de gloria y me hago una pregunta, una sola, que es el compendio de todas las que se pueden formular ¿por qué? Y me repito, ¿por qué?

Hagamos un poco de historia:
A finales del siglo XIX, entre 1889 y 1892, el municipio de Mineral de la Reforma, fue testigo de un hecho relevante en la historia de su desarrollo industrial, la construcción de la subestación eléctrica de Dos Carlos.
La construcción de esta subestación fue promovida por las compañías mineras locales que operaban en la zona, como La Blanca, San Rafael, San Guillermo , La Purísima y otras más que operaban en la zona, pero en especial Dos Carlos; con la finalidad principal de suministrar energía eléctrica a las operaciones mineras para mejorar la eficiencia en la extracción y procesamiento de minerales.
Porfirio Díaz le otorga la concesión el 7 de marzo de 1889 a la Compañía Eléctrica e Industrial de Mineral de la Reforma, para su explotación. Los términos de la concesión incluían la obligación de proporcionar energía eléctrica no solo a las minas y también a las industrias circundantes, con unas tarifas reguladas y un compromiso de mantenimiento constante de la infraestructura durante los siguientes 30 años.
El proyecto de la construcción del aún hoy día soberbio edificio de la subestación, se le encarga al ingeniero Francisco Jiménez y al arquitecto Guillermo Ríos quienes en una comunión casi religiosa aúnan el poder y la fuerza guerrera que necesitaba un edificio de esas características con la belleza y la elegancia que debía tener la arquitectura industrial de finales de siglo.
Para ello no se limitaron esfuerzos, ni dinero. Los materiales fue una mezcla de recursos nacionales e importados. Piedra y ladrillo rojo extraídos de la región. Hierro forjado, proveniente de Europa se utilizó para las estructuras internas, y para el techo se importó una golosina arquitectónica: tejas francesas fabricadas en Marsella conocidas por su durabilidad y su apariencia elegante. Estas tejas se convirtieron en el distintivo del edificio vistiéndolo de una elegancia y distinción, desconocidas hasta ese momento en una construcción industrial.

Para las ventanas se colocaron grandes marcos de hierro forjado que sujetaban grandes cristales gruesos, también importados que se conocían en el momento como vidrio soplado, o vidrio laminado. Estos vidrios tenían una gran resistencia y, daban paso a una magnífica luz natural, algo fundamental para el funcionamiento de la subestación, y que reducía la necesidad de luz artificial durante el día.
El edificio contaba con amplios espacios destinados a albergar transformadores, generadores y otros equipos eléctricos necesarios para el suministro de energía. La maquinaria y complementos eléctricos fueron importados de los Estados Unidos y de Europa, lo que reflejó la influencia tecnológica que existía en ese momento en el desarrollo industrial de la época.
La subestación operó durante varias décadas mientras la actividad minera de la zona se mantuvo en auge, pero cuando esta disminuyó se cerró. No se cuenta con la información precisa sobre la fecha exacta del cese de operaciones, ni tampoco de las autoridades responsables. Lo último que se conoció fue que la compañía Dos Carlos se constituyó en una cooperativa en 1939 y cerró definitivamente sus actividades en 1953.
Esta es, en pocas líneas la historia de esta construcción que hoy no está en condiciones de usarse, que presenta daños visibles debido al abandono, al vandalismo y al deterioro, aunque su estructura construida con materiales resistentes ha sobrevivido al paso del tiempo, parte del techo y las ventanas han colapsado o han desaparecido, está gritando que alguien se fije en ella y capte el potencial que tiene para una escuela de artes y oficios, para un museo regional y también quizá para alguna institución, que fungiendo como baluarte del origen minero que reviva la importancia de la minería en el Estado de Hidalgo. Que acerque ese conocimiento a todos, en especial a los más pequeños, que deben de saber que ellos son parte de esa estirpe minera.
Dos Carlos y la subestación están esperando que alguien vaya hasta allí a conocerla, o a redescubrirla, alguien que le dé la importancia a lo que la tiene: la historia; alguien con la suficiente sensibilidad para saber que la cultura es un elemento indispensable para cualquier pueblo y finalmente rescatar ese edificio y devolverlo a la vida útil es crear y fomentar la cultura. Yo diría que el gobierno, es quien debe de tomar esa tarea.
¿Habrá alguien con el suficiente valor emocional que se atreva a emprender esa aventura, ese rescate histórico y posicionar la subestación aquí y ahora?

Si tienes algún dato interesante que aportar al tema o te interesa involucrarte en el movimiento del rescate de la construcción, junto con las personas que ya están en ello, hoy abandonada y en el olvido déjame tu comentario abajo, ya sabes, en recuadro.
Es una excelente descripción de nuestra planta ojalá que muchos mineralreformenses más participen en este proyecto,así como las autoridades gubernamentales, Gracias,María José por tan bella fotografía escrita
Aquí lo importante es despertar el sentir, yo no diría patriórico, más bien la pertenencia de algo que en su momento sirvió para avanzar con nuevas tecnologías. Espero que el artículo despierte concias y emociones en los habitantes de la región