Soy Mujer y soy Capaz
…”Por suerte un día el Humanismo llegó a Antequera, un aire nuevo y renovado. La mujer se liberó del sometimiento a la voluntad masculina. Ya no eran único camino matrimonio o convento. El silencio, se hizo escuchar. La sociedad por fin entendió que quien dio el alma al hombre, también se la dio a la mujer y que no es de una mejor calidad esta o aquella”
(Tomado del monólogo de autoría de Marta González, actriz y poeta)
Estamos a dos días de esa fecha tan llevada y traída por muchas mujeres y tan poco entendida, en lo que debe de representar, por muchas que se dicen y se hacen llamar feministas. El 8 de marzo no se procesa en lo que ha costado llegar a él, por lo mismo tampoco se le contempla hoy, y, lamento mucho decir esto, más que en un festejo trivial acompañado de discursos triviales.
Hoy podría haber tomado como tema para mi artículo alguna de las muchas mujeres que a lo largo del planeta y de siglos supieron luchar por ese feminismo igualitario, pero que al contrario de lo mucho que se ve en este tiempo, dirigieron su “lucha” a través del conocimiento y la cultura a pesar de tener todo en contra. Pero no, esas mujeres seguirán apareciendo en mi blog. Contaré sus historias y sus luchas, y sobre todo, sus logros, porque en aquellos siglos de oscurantismo el lograr equiparse a un hombre y que se le respetara en su conocimiento siendo mujer, eso sí era un triunfo!
Pero he preferido poner la mirada en lo que a mí parecer es el inicio de todo, lo que lleva a que la mujer situarse en un escalón por debajo del otro sexo, de esa inferioridad que muchas sienten que tienen. Hay circunstancias de origen y otras que la misma mujer va creando y encerrándose en ellas abrazando la resignación. Y las hay que dejan salir esa frustración ese día, lo hacen cubiertas de un paliacate, y armadas con un bote de pintura, a destruir aparadores y fachadas para gritar lo que no han sabido descubrir: Lo que vale ser mujer, lo que significa y el poder que tiene el sexo femenino
A ti que eres una mujer del siglo XXI, que quizá estés leyendo esta cuartilla, déjame decirte que ese comportamiento, en la mayoría de casos surge empujado por la inseguridad, por un complejo de inferioridad generado a lo largo de muchos, muchísimos años en el seno del hogar y que está en tu mano darle un giro total a esos comportamientos y por tanto a la historia de la mujer.
Déjame decirte que no se trata de atacar al sexo masculino porque ahí mostramos nuestra inseguridad, hay que estar convencida, absolutamente que somos iguales, cada sexo con sus peculiaridades, nos reconocemos como individuos que se complementan y es reconociendo esa igualdad que se puede crecer al unísono.
Desgraciadamente, como he comentado, esa diferencia se hace presente en un inicio en el seno del hogar, sobre todo en las familias humildes. La madre que le dice a la hija que atienda a su hermano, porque es hombre y no puede atenderse solo a la hora de sentarse a comer, por ejemplo, porque eso es cosa de la mujer, al hijo que tutele las salidas y entradas de la hermana, con quién va y a dónde, ella es mujer y en el seno de esas familias, en este caso la hija o hijas deben de estar sujetas al parecer del varón; y eso es una historia que se repite cada día en muchos hogares y no solo en las comunidades sencillas, también en las ciudades, en el seno de familias de otro contexto socio cultural, porque es tan fuerte el arraigo que tienen las enseñanzas de madres y abuelas que les cuesta dar el cambio.
Es un atavismo, terrible palabra que nos transporta a escenarios ancestrales en semejanza y hábitos ahí establecidos, pero qué como todo, es rescatable en lo que posee de útil para ahora, y enterrar lo que presupone quedarnos allí.
Tuve la suerte de tener un padre muy culto y con una visión muy adelantada en lo que representaba ser hombre o mujer, y al crecer y formarme en ese escenario de igualdad absoluta me permitió relacionarme e interactuar culturalmente en ese mundo de hombres y te digo por experiencia en una larga, larga vida, que aquello que se dice de que, ”cómo te ven te tratan” dándole otro enfoque a la frase, es totalmente cierto. Si tienes eres una mujer culta, con un intelecto ocupado más allá de lo estrictamente femenino, que está muy bien, pero que además de eso vives procurando alimentarte culturalmente hablando, puedo asegurarte con conocimiento de causa, que la apreciación que se tenga de ti será muy diferente, y pasará del asombro a la admiración y al respeto.
Es de lo que se trata ¿no? Ser respetadas por el conocimiento que se tenga.
¿Sabes qué es lo que a un hombre le frustra y le incomoda más? Contrariamente a lo que se cree, no es que su mujer tenga un mejor puesto de trabajo, que gane más que él…no, eso le molesta, pero no tanto como que en una reunión ella pueda expresarse mejor, tenga más conocimiento del tema que se está tratando, que se exprese con fluidez con mejor dicción, con un vocabulario variado y apropiado, sin hacer uso excesivo de muletillas, que participe en el debate cuando él a lo mejor se mantiene en silencio porque no sabe. Que tenga a los allí presentes atrapados, escuchando con asombro. En resumen: que ella sea más culta que él.
El conocimiento, la cultura está encerrada en los libros, esos libros que al leerlos te proporcionarán la llave para ser libre, porque solo el saber te hace libre. ¿Quieres convertirte en una auténtica feminista? No lo hagas saliendo a las calles embozada tras un paliacate, hazlo asistiendo a la Universidad.
Estoy considerando dar un taller presencial con asistencia reducida para poder integrarnos bien, unas cuatro asistentes, máximo cinco, sería como un coloquio literario donde iríamos conociendo mujeres que a través de su obra literaria, no solo cambiaron la percepción que tenían de ellas mismas, sino que marcaron un camino con su huella…”Yo puedo, tu puedes”
Nombre del taller: ¿Qué leemos las mujeres?
Si te interesa comunícate conmigo