Bodegón artístico de sombreros históricos que incluye una chistera negra, un bombín, un sombrero porkpie y un sombrero de charro sobre una mesa de madera antigua.

Ponerse el mundo por montera

Algunos sombreros reciben nombre especial, por el que son conocidos, como es el caso de la montera del torero y que incursionó en el sentir y decir de la vida de cualquiera con esa frase tan reveladora y que puede ser determinante en una decisión. O, el sombrero de tres picos que se atrevió a clavar una pica en el mundo de la música clásica. Y, ¡ahí siguen! tomando y manteniendo su protagonismo.

El sombrero como ya he comentado, tiene su historia, como todo lo que interactúa con las personas, y en el caso del sombrero tanto el femenino como masculino tienen históricamente un significado social. En el pasado el sombrero masculino se regía por normas muy concretas; una de ellas, por ejemplo, era obligatorio descubrirse la cabeza al entrar en un lugar cerrado. Podemos añadir que la etiqueta social influye en el sombrero masculino, o al revés, que el sombrero masculino cambia y se adapta a determinadas reglas y convencionalismos, los cuales acata, como cuando el hombre se descubre al entrar a un templo católico o no se descubre al entrar a un templo sionista; como cuando saluda destocándose y, además, haciendo un ademán significativo, que subraya su movimiento, etc. Habría mucho que contar, de tratar de conocer el porqué de esas reglas.

Pero como dejé escrito en mi artículo del pasado viernes, aún resta mucho por contar sobre ciertos modelos de sombreros, de los personajes que los usaron y algunas cosas más, todas interesantes. Así que vamos a ello.

Averigüemos sobre el famoso Bombín.

Hay un momento en que el humor y el bombín se encuentran y es en ese instante cuando el humor se viste de bombín y lo conocemos actualmente gracias a Charles Chaplin entre otros. Pero si vamos un poco más atrás nos enteramos que su creación fue producto de la necesidad de tener un sombrero con una copa que no fuese tan alta como la de la famosa Chistera, a fin de proteger la cabeza de las ramas bajas de los árboles al montar a caballo.

Rápidamente se convirtió en un ícono cultural inglés, en un sello para los caballeros de Ascot, y se humanizó con Laurel & Hardy con el “Gordo y el Flaco”.

El Jazz, sensual, además de bohemio también le dio protagonismo a un sombrero: el llamado Porkpie. Resulta que al igual que otros éste, también en sus inicios se consideró un sombrero para mujer, aunque finalmente derivó en un modelo masculino. Comenzó a popularizarse durante la gran depresión, y logró hacerse un hueco entre los adeptos al Jazz hasta convertirse en un auténtico emblema del mismo. Una de las personalidades precursoras de Porkpie y que definitivamente lo posicionó hasta encumbrarlo, fue Lester Young.

Y ya que he mencionado la Chistera, pues no quiero que quede fuera de este recorrido por algunos de los que han sido los sombreros más significativos a lo largo de los años. Además, si tenemos que creer en aquello que ha quedado escrito por alguien y que dice así: “A partir de los años 50 se presentó la desaparición gradual del sombrero, una de las causas, el uso generalizado del automóvil”. Han transcurrido al día de hoy 66 años y el sombreo sigue adornando y embelleciendo las cabezas femeninas y dándole prestancia y señorío a las de los caballeros, y estoy segura que así habrá de seguir. Pero, por si acaso o simplemente porque lo considero obligado, quiero dedicarle unas líneas a la Chistera.

Este modelo, la Chistera fue un tipo de sombrero que reinó en el armario masculino de la nobleza, y también fue el preferido de la clase media alta. Todo esto ocurría en el siglo XIX.

Sus orígenes vienen envueltos en hechos no comprobados, por lo mismo creo que cabe empezar de la siguiente manera: La leyenda cuenta que la primera vez que se le conoció fue cuando su creador John Hetherington, salió a la calle con algo muy extraño en su cabeza: un sombrero de copa con mucho brillo y “diseñado para asustar a la gente tímida” La historia, insisto, surgida de la leyenda, cuenta que fue tal el revuelo que causó que las mujeres se desmayaban a su paso y que el señor J. Hetherington fue inmediatamente multado por alterar el orden público.

Lo que nadie hubiera imaginado, es que ese sombrero, podríamos llamarlo tan llamativo iba a convertirse en un complemento que reinaría en el gusto de la nobleza y en las personas de la alta sociedad.

Hoy en día su uso ha quedado relegado para los eventos más formales y elegantes y por lo general siempre acompaña a un caballero vestido con un elegante chaqué. ¡Quién lo diría!

Algo curioso, y esto no es leyenda, es historia. La Chistera formó parte del vestuario de una de las personalidades más importantes de la época. El Presidente Abraham Lincoln, quien mantuvo su icónica imagen intocable a lo largo de la historia gracias a su inconfundible Chistera.

Hemos llegado al final de este recorrido, pero antes de apagar la computadora no quiero dejar de comentar para todos los que les gusta y le dan seguimiento qué en el año 2017, la UNESCO declaró a los sombreros de Toquilla como parte de la lista de “Patrimonio Cultural de la Humanidad “

Esperemos que algún otro, con el tiempo, alcance se derecho de pertenencia a esa lista de élite ¿Qué tal el sombrero de Charro?

Si te gustaron estos artículos házmelo saber, pon tu comentario en el blog, lo mismo si quieres que hablemos de algún otro tema o sobre alguna otra prenda que tenga una historia interesante… ¿Qué tal la minifalda? por ejemplo.

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