Pimientos, dulces y picantes.
Para comerse, y otros menesteres
La leyenda abraza a la historia que a su vez vive y continúa en ella. Nada de lo que está relacionado con el hombre le es ajena. La leyenda es como una gran señora que se mueve entre los salones de una gran mansión, y, que de vez en cuando, al mirarse en el espejo, siente que debe de adornarse con algo más que encuentra en su recorrido. Y así, entre leyenda, mito o verdad, nosotros seguimos andando por nuestra historia.
Así fue que investigando sobre los pimientos y todo lo que se relaciona con ellos, me encontré con una historia que se narra en la Historia General de las cosas de la Nueva España, del fraile español Fray Bernardino de Shagún, y que se la transmitieron los mexicas.
Cuenta la leyenda que Huémac, último soberano de los toltecas, según se cuenta, era sanguinario y algo, diríamos hoy día bipolar, tenía una debilidad su hija, que con su belleza contaba con muchos pretendientes, pero que a su padre ninguno le parecía el adecuado para ella. Un día la joven había ido al mercado de Tollan y allí se encontró con un joven vendedor de axís verdes (chiles verdes), el cual según el uso y costumbre de los huastecos iba totalmente desnudo. La princesa, le observó su desnudez y se obsesionó a tal grado con lo que habían visto sus ojos que empezó a enfermarse del antojo que se le había quedado. Pasaban los días y la joven no se aliviaba, su cuerpo se hinchó de tal manera que, Huémac preocupado por lo que le sucedía a si hija, mandó llamar a las mujeres que estaban al cuidado de la joven y les preguntó:
_¿Qué mal tiene mi hija? ¿Qué enfermedad es esa qué le ha hinchado todo el cuerpo?
_”Señor de esta enfermedad fue causa y ocasión el indio tohueyo que andaba desnudo y vuestra hija lo vio y miró aquel miembro genital desnudo y está mala de amores”
Huémac entonces mandó buscar al vendedor de chiles y que lo llevaran a palacio. Así lo hicieron y cuando él lo vio le preguntó porque iba totalmente desnudo, porque no llevaba puesto su maxtlat (su mandil), y porque no se cubría con su manta . El indio le respondió, que era extranjero y que en su tierra así se acostumbraba, a lo que el soberano le respondió.
-“Vos antojaste a mi hija. Vos la habéis de sanar”
A continuación, mandó a los sirvientes que lo bañaran y lo adornaran con jade, le pusieran su maxtlatl y lo cubrieran con su manta. Una vez limpio y vestido y adornado fue llevado a la presencia de Huémac que después de dar su aprobación le dijo:
-“Anda y entra a ver a mi hija donde la guardan”.
“Y dicho tohueyo ansí lo hizo y dormió con la dicha hija del Señor Huémac, que luego fue sana y buena. Y desta manera el dicho tohueyo fue yerno del dicho señor Huémac”.
La historia refiere al final que tohueyo era en realidad Tezcatlipoca, pero que nadie lo sabía y su plan era derrotar a los toltecas, lo cual llevó a cabo aprovechando la debilidad sexual de la joven.
La cocina, la sexualidad, la intriga política ¿algo más? No dudo que de seguir buscando habría podido salir algún otro uso para el pimiento.
** Algunas palabras, tomadas tal cual del texto original de Fray Bernardino parecen estar con errores, pero están escritas en castellano antiguo.
Es mejor un libro que la IA.
Eso es un hecho , pero para bien o para mal la IA se va colocando de manera que parece que sea indispensable para cualquier tarea o circunstancia que se presente hoy día.
Hay que volver al principio, unos 50 años atrás, o quizá más, para encontrarnos con la esencia de todo y la relación que teníamos antes con nosotros mismos y nuestras capacidades… claro hay que pensar entonces en los valores.