Reloj monumental de Pachuca fotografia por ignacio arcas

Carta a Pachuca

PACHUCA, porque te conozco, te quiero

Yo, María José, te acepto a ti Pachuca como mi ciudad, para vivir contigo en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida y hasta que la muerte nos separe.

Palabras de intenciones de una liturgia que fortalecía los sentimientos de una pareja en una cristiandad naciente de un ya lejano siglo III de nuestra era y que hoy, con humildad, las tomo y con ellas le doy forma, en éstas cuartillas, al cariño que te profeso.

¿Qué tiene Pachuca que otras ciudades no poseen? Me lo pregunté un día, hace años, cuando por casualidad en un periódico español me topé con un artículo que ostentaba este encabezado: “Pachuca, capital de Hidalgo, un estado mexicano con nombre de cura”…lo que seguía ya no tiene importancia, pero si lo que me hizo reflexionar.

Alguien te elige para unir dos lenguas, y con ello se fusionan dos mundos. El mundo de esa orilla lejana del mar, culto pero ambicioso, fuerte y aventurero que ansía el dominio de ese otro mundo; el de aquí, el de éste lado del océano. Llega entonces a ésta tierra serena, la conquista luego la colonia y más adelante la independencia y con ella, ese cura criollo que te da apellido ilustre.

Al paso de los acontecimientos la ciudad abraza el mestizaje y entonces la indígena Pachohuahcan, se une al castellano Hidalgo, palabra de noble e ilustre nacimiento, que ha acompañado a pintores y compositores, escritores y poetas; lo mismo que a médicos famosos, marinos y militares. Nace así para la historia moderna: Pachuca, Hidalgo.

Llegué un día a ti porque tenía que llegar, todo está escrito y previsto en el universo de cada ser humano, y el mío desde siempre dibujó en el tiempo, en mi tiempo, ese encuentro y permanencia contigo que al día de hoy se cuenta ya en treinta años.

Me recibiste un 31 de julio con el aire fuerte e impetuoso que te caracteriza, haciendo notar que ésta ciudad le pertenecía, mostrándose como un vigilante celoso, custodio de calles y plazas a las cuales ponía en aviso de su llegada con un silbido afilado cerrando a su paso puertas y ventanas de un solo golpe.

Desde entonces me gustaste, estabas muy cerca de ser el lugar donde yo quería vivir. Al paso del tiempo te descubrí tal cual eres, ciudad con un pecho mineral en una tierra que se hizo de plata finísima en las minas que te cobijan.

Un día, al igual que los niños creciste y en ese proceso te desnudaste de ese encanto infantil, dejaste a un lado lo que te quedaba chico o estrecho porque tú querías ser una ciudad grande.

Tus barrios entonces treparon hasta lo más alto, hasta abrazar los montes, resguardando al verdadero Pachuca. Allí en la estrechez de sus calles las viejas puertas se adornan cada atardecer con los botes de tamales, alguna guirnalda sostiene restos de lo que fue una piñata y en el recodo, ya para doblar la esquina, una hornacina le da asilo a una imagen de la virgen de Guadalupe.

Para el que te conoce sabe que estás ahí, que tiene que adentrarse en el viejo corazón de la ciudad, donde al resguardo del intruso, sigues viviendo.

El malacate ya no gime bajando al encuentro del mineral. La plata se ha ido lo mismo que el cobre y el plomo y ante esta ausencia un día la mina colgó el letrero de CERRADO y tú Pachuca, entonces, te pusiste triste.

Hoy que te escribo estas líneas, estoy convencida que plumas notables arrastrarán en cuartillas ávidas de saber de ti, frases que pulirán tu historia, y diseñaran con sus palabras, trajes domingueros para tus monumentos, ceñidos con ricos cinturones formados de fechas ilustres, y así, acicalados, lucirán orgullosos su estirpe hidalguense, su historia.

Yo, solo te he contado de sentimientos y emociones, los que generaste en mí cuando te convertiste en parte de mi geografía emocional, los que han alimentado día a día mi permanencia contigo y que me hacen verte con los mismos ojos con los que te vi hace tantos años.

Reflexiono: hoy, al paso del tiempo te quiero igual, con la mina cerrada, con tus callejones escondidos, con los barrios altos tratando de mantenerse en el pasado que le dio protagonismo a la ciudad y diseñó un perfil de gente luchadora para sus habitantes; con los soportales que pelean día a día por seguir siendo símbolo de una ciudad en parte castellana, y con tantas cosas que sin darnos cuenta quizá, dejamos perder con nuestro silencio.

En mi álbum de recuerdos te veo como eras antes y te quiero, te adivino en tu futuro y ¿sabes una cosa? También te quiero.

María José

En Pachuca, Hidalgo siendo el mes de enero del año 2009

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