Científico contemplando hologramas de datos generados por la supercomputadora Aurora

Aurora: Su historia apenas empieza

El ser humano se hace preguntas cuando una tecnología alcanza una potencia suficiente como para modificar no solo lo que él hace, sino también la imagen que tiene de sí mismo. Aurora ha llegado a ese umbral y a puesto al hombre a cuestionarse.

Sí, Aurora es una de las representaciones más impresionantes de ese cambio, y cuando más poderosa se vuelve nuestra herramienta, más importante resulta preguntarse quién la utiliza, para qué la utiliza, y qué lugar ocupa el ser humano dentro de ese proceso. Durante siglos la ciencia fue una aventura creada y guiada por el hombre. El investigador echaba mano de instrumentos como son el microscopio o el telescopio para apuntalar sus teorías, él era el dueño y señor de esos espacios y la decisión de qué conocimiento era relevante solo le pertenecía a él. Ahora los proyectos que se desarrollan alrededor de Aurora, nos muestran que la Inteligencia Artificial no se limita a analizar los resultados al final de una investigación. Puede integrarse en el propio flujo científico: ayudar a interpretar datos, generar hipótesis, seleccionar posibilidades, comparar escenarios, y así hasta llegar a orientar nuevas búsquedas. AuroraGTP tiene a su cargo la encomienda de un proyecto de Argonne que busca desarrollar modelos de lenguaje entrenados específicamente para la ciencia. El objetivo no es fabricar un nuevo asistente para conversar con el público, sino estudiar como los modelos de la IA pueden integrarse al trabajo científico y ayudar a los investigadores a realizar descubrimientos de manera más eficiente. Para mí que sé poco o nada de este mundo, este panorama me hace pensar que hay que cambiar ligeramente el lenguaje. Quizá hemos llegado al punto que ya no es suficiente hablar de la “máquina” como una herramienta, es más apropiado hablar de colaboración.

Pero ¡ojo!, colaborar no significa ser iguales. ¿Qué diferencia existe?

La máquina, no olvidemos, es creada por el hombre, y tiene estas capacidades: una velocidad, una memoria, y una capacidad de exploración que ninguna persona puede igualar.

El ser humano posee algo diferente: experiencia guardada en el tiempo, valores que es algo fundamental para trabajar dentro de una ética, imaginación, conciencia de las consecuencias, y sobre todo la capacidad para atribuir el significado.

En este momento imagino a un científico del futuro. Está sentado frente a una pantalla, y frente a él no hay solamente una colección de resultados. Veo un sistema capaz de proponer diversos caminos se investigación y mientras contemplo la escena pienso que probablemente algunos serán inservibles, otros serán interesantes, y seguramente habrá uno o varios de ellos que conduzcan hacia algo que nadie había previsto.

¿Qué hará entonces el científico? Yo te respondo a esa pregunta… volverá a hacer lo que la ciencia ha hecho siempre: preguntar, comprobar, dudar y finalmente avanzar. El futuro de la ciencia no se concibe sin científicos, se diga ahora lo que se diga, que la máquina va a dejar obsoleto al hombre, en este caso al científico. Todo eso son palabras huecas dichas sin conocimiento y con algo de temor. Más bien ese futuro nos lleva hacia una ciencia en la que el científico tendrá que desempeñar funciones nuevas, acordes a esa nueva realidad: formular mejores preguntas, evaluar resultados generados por esas máquinas, establecer criterios de confianza, reconocer errores y decidir cuándo una predicción arrojada por la IA merece convertirse en experimento. En otras palabras, la máquina puede ampliar el “territorio de lo posible,” pero todavía corresponde por derecho propio al ser humano que posibilidades merecen ser exploradas. ¿Te acuerdas de aquello que comenté? el libre albedrío, yo decido…

Cuanto más inteligente sea nuestra “herramienta”, más inteligentes tendremos que ser nosotros al utilizarla. Quizá Aurora sea importante precisamente por eso; no solamente porque representa una nueva generación de supercomputadoras, sino porque nos coloca ante un espejo. En ese espejo vemos nuestras propias capacidades ¿ampliadas? quizá, pero también nuestras limitaciones. Así que con atención debemos de ver todo aquello que podemos delegar, y al mismo tiempo, aquello que no deberíamos delegar jamás: la responsabilidad de elegir.

Finalmente, después de leer, y haciendo altos en la lectura de este tema, he llegado a la conclusión que Aurora viene siendo como un mesías de la ciencia, como una señal de que estamos entrando en una etapa en la que la inteligencia humana tendrá que aprender a convivir y colaborar con Inteligencias Artificiales cada vez más capaces.

¿Hasta dónde podrá llegar esa colaboración?

Por hoy lo dejo aquí, pero esto no hace más que empezar.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *