Una soledad acompañada
“Solo cuando estamos solos encontramos la fuerza para transformarnos”
(Séneca, filósofo romano)
A raíz de mis dos últimos artículos sobre la IA y sus aplicaciones para uso y acompañamiento de las personas mayores que están solas he querido hoy ahondar en lo que es y como azota esa terrible palabra, SOLEDAD.
Es triste pensar o al menos a mí como a muchas otras personas, me lo parece, en el derrotero que han tomado los últimos años de vida de la gente mayor, que se siente apartada de todo y de todos porque, aunque no se diga en voz alta, la verdad es que resultan de alguna manera incómodos y de difícil acoplamiento al diseño actual de cualquier modelo de familia. No importa cuál es tu situación, tu circunstancia, puedes estar en tu casa sin depender económicamente de los hijos, teniendo una buena salud y siendo totalmente independiente; a veces según es el caso, si ya tienes algún problema te ponen una “cuidadora” para que te acompañe a dar algún paseo; otro escenario es recluirte voluntariamente o por decisión de la familia en una residencia de las que se conocen como para gente de la tercera edad, (abro un paréntesis para decir que es un término que me da horror, si en otros casos nos referimos a las personas como gente joven o gente de mediana edad o madura, ¿por qué ese término tan duro, que esconde un final más o menos cercano? Pero sigo con el planteamiento, y ahí claro surge otro punto, si la familia tiene una buena posición económica, seguramente acabas ahí, en una residencia con todos los servicios cubiertos, pero si no tienes que irte a lo que hemos conocido de toda la vida “el asilo”; palabra que también me da tristeza por su significado:
“Del latín asylum, establecimiento benéfico donde se acogen personas pobres o desvalidas. Asilo de ancianos, casa de beneficencia. (Tomado del diccionario de uso del español de María Moliner)”
Pero al final es lo mismo, cuando se acaba día sigue habiendo un vacío que no se llena con nada porque lo que se necesita no está contigo, se lo ha llevado con ella esa persona, ese familiar que te ha dejado al cuidado de una institución, de lujo, o modesta, pero que deja mucho de parecerse a un hogar.
Es frecuente escuchar de boca de alguien que ha internado a su madre en uno de estos establecimientos decir “ Necesitaba cuidados que en la casa no se le podían dar y sé que aquí va a estar muy bien atendida” Quizá sí, habrá casos puntuales que se necesiten ese tipo de apoyo, pero no nos engañemos, en la mayoría de casos, están pagando para quitarse una molestia de encima, o un estorbo.
Quizá dependa de uno mismo manejar la situación planteada; quizá no siendo tan vulnerables a las emociones, a los sentimientos, dejar de ser tan dependientes emocionalmente de la familia, ejercer un bloqueo a ciertos pensamientos que nos llevan a esos estados de ánimo depresivos. Pensar qué, si estoy bien físicamente y puedo valerme por mi misma, el mundo está ahí para mí, para seguir curioseando, buscando oportunidades de hacerme sentir muy bien
Si, como dice el título del artículo, una soledad acompañada, eso es lo que debemos hacer, revertir ese terrible término que nos atrapa para aislarnos en la tristeza y convertirlo en compañero de viaje. Hay que ser larga de miras, no tener un programa ya hecho de antemano para cada día, más bien ser amiga de la improvisación siempre con el convencimiento de “Como estamos tú y yo, soledad y somos dueñas de nuestro tiempo, ¿Qué vamos a hacer hoy?
Hay muchos sustitutos para ese sentimiento de abandono, u olvido que te atenazan el corazón, solo es cuestión de que te preguntes que es lo que te interesa descubrir, hacer o experimentar cada día.
Hay que fijarse en mujeres como tú o como yo, que han vivido o viven una vida plena porque han sabido abandonar ese sentimiento que a cierta edad uno ya no sirve para nada, hacer oídos sordos a esos comentarios es la mejor medicina para revivir.
Que te parece por ejemplo Julieta fierro, la famosa astrónoma mexicana, que falleció hace poco a los 77 años de edad, y que vivió una vida plena y feliz con esa pasión por las estrellas, lejos de sus hijos que viven los dos en los Estados Unidos. Solo hacía falta oírla hablar cuando daba charlas o conferencias, era una mujer plena y feliz…perteneciendo a la tercera edad. O Isabel Allende, la famosa escritora chilena que a sus 82 con una vida muy azarosa que le tocó vivir, ahí está siempre jovial, divertida y de buen humor es una mujer que tiene una ilusión en su vida la que ha diseñado a su medida porque miró a la soledad de frente y le dijo: Tú y yo vamos a vivir juntas y no necesitamos de nadie más para sentirnos bien y con ganas de vivir.
Espero que este artículo te haya resultado de interés, si es así o no, me gustaría un comentario de tu parte y ¿por qué no? un cambio de impresiones.
Es muy interesante tu percepción de la soledad, sí resulta muy importante hacerse amiga de ella para vivir como se debe, en plenitud con nosotras mismas.
¡Claro! Yo creo que el mayor temor que se tiene de la soledad, es que no se la conoce en todo lo que te puede proporcionar para vivir mejor. Se asocia a la edad, en especial a la vejez o cercana a ella, cuando ya los otros miembros de la familia, los hijos por ejemplo, ya han hecho su vida y es un gran error. La soledad está presente en todas las etapas de la vida, solo hay que verla como algo cercano y que está en nosotros.
Aprender a vivir en soledad es aprender a conocernos y descubrirnos .
Gracias por tu reflexión sobre ella.