Retrato artístico de León Felipe con boina y mirada profunda, símbolo del exilio español en México.
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León Felipe. Un poeta sin sombra

“Los grandes poetas no tienen biografía, tienen destino.” (León Felipe)

Sin biografía, pero tampoco era mi intención al escribir este artículo referirme a él dentro de una biografía de machote donde se privilegia los datos generales del personaje, fechas, estado civil, lugares de residencia, estudios etc. Casi, casi un curriculum. Ahora que se cumplieron en este mes 57 años de su fallecimiento he vuelto la vista atrás por ahí del año 1962 o 1963 que tuve la suerte de conocerlo, de escucharlo hablar de adivinar en cada reflexión que hacía cuales habían sido desde su inicio sus prioridades poéticas. Nunca fue un poeta al uso.

Versos sencillos y variados, sin la estrofa clásica; un verso monosílabo y uno endecasílabo y así crea la historia poética de él, de su entorno, de los acontecimientos que lo atraparon unos queriendo y otros muchos circunstanciales… por aquello que dijo Ortega y Gasset, yo soy yo, y mi circunstancia y tengo que salvarla a ella para salvarme yo. Lo que no siempre se logra, y de eso sabía mucho León Felipe.

Pero antes de continuar, quiero situarme en el escenario y la circunstancia que qué propició que se diera en su momento un encuentro con el poeta. Mis padres mi hermana y yo acabábamos de llegar a México con un asilo político otorgado por el General Cárdenas en 1939, pero que no se pudo hacer efectivo hasta el momento al que me refiero. Fuimos los últimos exiliados políticos de régimen franquista acogidos por el Gobierno de México, algo de lo que me siento orgullosa, sin dejar de sentir la añoranza de mi Barcelona que dio forma y carácter a mi vida.

Es por demás decir como estaban de exaltados los ánimos de todos aquellos que llegaron en el 39, o 38, como lo hizo León Felipe. El caso es que la efervescencia estaba al máximo entre esa comunidad que pensaba, porque lo deseaba fervientemente, que era cuestión de meses que Franco cayera y todos nosotros, republicanos en su mayoría volveríamos a España. Se hacían reuniones en el Ateneo Español de México, recuerdo en la calle General Prim, por donde se dejaban ver la mayoría de los intelectuales que habían llegado al exilio. También asistían periódicamente a estos encuentros, políticos, e intelectuales siempre arropados con la presencia de las figuras más relevantes de la cultura mexicana, y amigos de la república española. Recuerdo con cariño aquellas veladas y con los años me he dado cuenta de la riqueza que proporcionaban esas reuniones en un aprender a vivir.

Un día apareció León Felipe, recuerdo que llevaba un traje de pana, con su boina y su mirada de escáner detrás de sus gafas, si, con esa mirada que se clavaba en ti y parecía recorrerte el alma entera.

Empezó a hablar, utilizando el arma de mayor precisión que tiene el poeta: la palabra, que es atemporal, nos dijo a los allí reunidos, también universal y repleta de significados, por lo cual se remarca el alcance que puede tener. Y fue ese día refiriéndose a unas cuantas letras que dan forma al lenguaje con significado que hizo referencia a algo que he llevado conmigo como lección bien aprendida, a lo largo de todos mis años de vida.

Habló de las muletillas que solemos utilizar en nuestra conversación, y de cómo mutilan el idioma, de la dependencia que algunos han creado de ese sostén para poder desarrollar verbalmente sus ideas, opiniones, etc. Concretamente se refirió al famoso “este” que en muchas ocasiones se convierte en un puente entre una frase de dos palabras y la que sigue, y que si no la puedes decir, pues ya no puedes continuar hablando, Él se refirió a esa palabra como el “tirabuzón de la torpeza” y aseguró que empobrece el idioma y al personaje que la utiliza sin discriminación.

De aquel momento recuerdo haberme dicho para mí, jamás dejes que esa palabra forme parte de tu vocabulario. Después de eso, a lo largo del tiempo y en el uso de mi vida literaria he remarcado siempre que hay que cuidar ya sea hablando o escribiendo la lengua de Cervantes.

Se lo llevó una embolia cuando el sol se asomaba al otoño, fue el poeta sin sombra, porque no existió quien pudiese hacérsela, su voz siempre fue difícil de encasillar, fue una voz singular que se levantó con autonomía en la lírica castellana. Solo hay que acercarse a sus poemas y leerlos más con el espíritu que con los ojos, entonces se descubre que en ellos hay una constante búsqueda de sí mismo, y, en ocasiones una introspección hacia la búsqueda del sentido de lo religioso, todo ello plasmado en una poesía bellísima escrita con un castellano depurado.

León Felipe: Intelectual español, poeta de la lengua de Cervantes, el castellano, escritor de obras de teatro, traductor de obras del teatro inglés renacentista, profesor de literatura en la Universidad de Cornell y además militante republicano hasta 1938 que llega a México como exiliado y se convierte en el Agregado Cultural de la Embajada de la República Española en el Exilio.

Todo lo escrito aquí es absolutamente verdad, pero para terminar quiero cerrar el artículo con algo que forma parte de la leyenda urbana, dado el caso que nunca se ha podido comprobar su autenticidad, pero que es un acto muy bello lo que se cuenta.

Dicen que en ese 1968, mientras el ejército entraba en la Ciudad Universitaria, persiguiendo a los estudiantes que trataban de buscar refugio en la UNAM, la poetisa uruguaya Alicia Soust consiguió poner un disco para que se oyeran por los altavoces los versos de León Felipe, recitados a viva voz, a modo de resistencia pacífica.

“Que no hagan callo las cosas, ni en el alma ni en el cuerpo.

Pasar por todo, una vez, una vez solo y ligero

ligero, siempre ligero

Fragmento de Romero solo. (poesía que es un canto a la libertad)

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