Mario Vargas Llosa. Un inmortal
A raíz de la reciente muerte del escritor, Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, todos los medios, tanto escritos como televisivos, se dieron a la tarea de recrear la vida de este autor de larga y prolífera trayectoria literaria, en una más larga, que corta biografía. También incansable viajero y quizá si se me permite decirlo, de difícil acomodo en donde establecerse entre los países que pensaba en su momento eran convenientes para convertirlo en un verdadero escritor; esa idea provenía del convencimiento que tenía de que si no se iba de Perú nunca lograría ser un escritor reconocido, y soñaba con Paris, lo cual mostraba una cierta inseguridad en él.
Desde mi parecer lo que lo definió, aún sin él saberlo desde un principio, como el gran escritor que llegaría a ser, fue la determinación que tuvo de seguir adelante con su novela La Ciudad y los Perros, a pesar de los rechazos y los comentarios negativos. La fe ciega en su novela lo hizo escritor.
Estoy en contra de lo que se piensa en los medios, que ante cualquier evento que acontece en la vida de un gran escritor, hay que llevar y extender sobre unas cuartillas, la biografía del personaje; por el contrario, creo que profundizar quizá en esos pequeños detalles en los que no se repara al dar a conocer ese currículum, nos muestran al hombre antes que el oficio, algo Indispensable para comprender no solo lo que escribe, cuando lo escribe y porque lo escribe.
Pero en la biografía siempre aparece: Lugar y fecha de nacimiento, y de ser el caso también del fallecimiento; donde estudio; quienes fueron sus padres, si tuvo hermanos, cuantos matrimonios, hijos; su recorrido a través de los premios recibidos etc.; para a continuación mostrar la lista con los títulos de sus obras. Y siempre, siempre hay algo más banal o de la prensa rosa, que se adorna de un ribete de chisme y que parece mentira, pero que algunos, es lo que logran retener mejor.
En el caso de Vargas Llosa la cercanía familiar que lo unía a sus dos esposas, ha sido sumamente comentada. Julia su primera mujer era su tía, política, pero su tía, divorciada y doce años mayor que él. De ese matrimonio nace la novela La tía Julia y el Escribidor. A Julia la dejaría cuando aparece su prima Patricia, que además era sobrina de su ex Julia, y qué con solo 16 años lo enamoró, se casó y con quien tuvo a sus tres hijos. Un matrimonio que duró hasta el 2015, cuando apareció en su vida la socialité Isabel Preysler.
Esta relación que terminó cuando, no el hombre, sino el escritor se dio cuenta que su cambio, de aparecer en la prensa literaria a la prensa rosa, no era lo suyo.
Situaciones como esta muestran que la cultura en su nivel más alto necesita un partenaire por lo menos parecido. E indudablemente la filipina no lo tenía.
Pero volvamos al escritor, al inmortal, así se le nombró cuando fue elegido miembro de la Academia Francesa de la Lengua, y antes de seguir quiero aclarar el origen de la frase.
Resulta que viene del lema À l`inmortalité, inscrito que aparece en el sello que le entregó a la Academia su fundador, el Cardenal Richelieu en 1635.
Con esta distinción, Vargas Llosa se colocó al mismo nivel que dos de sus escritores más admirados desde sus primeros años de lectura y que fueron miembros de la Academia. Alejandro Dumas y Víctor Hugo.
Además de tener el grandísimo honor de ser nombrado miembro de la misma sin haber escrito una sola línea de sus obras en francés; algo nunca acontecido en lo que lleva de vida la institución.
Mario Vargas Llosa, el señor de las letras como se referían a él algunos de sus compañeros en el oficio de escribir, todos hispanoamericanos, todos magníficos. Yo no me atrevería a poner a ninguna por delante de otro. Hay preferencias como en todo, más bien afinidad entre el escritor, su obra y el lector.
Se ha ido el último, en el decir de los que saben, perteneciente al Boom latinoamericano, un cónclave de grandes maestros donde estaban los que estaban y nadie más pudo entrar a formar parte de él. Allí estaban el colombiano García Márquez; el argentino Julio Cortazar; el uruguayo Carlos Onetti y algunos mexicanos como Carlos Fuentes o Vicente Leñero entre otros.
Quiero externar lo siguiente; el querer confinar la literatura en un boom literario es a mi parecer como quererle poner puertas al campo. Hay muchos más y muy buenos y no se mencionan en ese grupo, por ejemplo, Juan Rulfo que con una sola novela mostró al mundo lo que era el arte de escribir.
Vargas Llosa, un trashumante de la literatura, un peruano que un día dejó Perú porque quería ser un gran escritor y su país, para sus aspiraciones, le quedaba pequeño. Madrid que sería su primera parada, lo recibió con sus sueños y una novela bajo el brazo.
Lo logró porque tenía ese don que solo tienen algunos de explorar la historia, o la política, la condición humana, el bien y el mal, todo a través de personajes históricos, o ficticios, pero que encarnan las ideas y los valores.
Al final de su vida, teniendo conocimiento de su muerte que estaba sin fecha, pero cercana demostró su condición de gran señor; la esperó sin drama ni quejas, valorando lo que había recibido y lo hizo volviendo al inicio, al origen, a la familia, al país de nacimiento, otorgándole de esta manera todo lo que había logrado en su exilio voluntario, a su nacionalidad peruana.
Descanse en paz