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Una sola palabra, NAVIDAD

Hoy es Navidad, 25 de diciembre, al menos eso nos han dicho, aunque ahora
sabemos que no está claro que Jesús naciera en diciembre, más bien, que no
fue así ya, qué según los evangelios y su interpretación, nació durante la
primavera y que fue el Papa Julio I quién decretó la fecha a petición del
emperador Constantino. Pero al final no importa el día ni la hora, lo que nos
atrapa es su significado para cada uno de nosotros, como la recibimos y como
la vivimos.

Es una palabra que todos los seres humanos tenemos en nuestro vocabulario y
la llevamos, a veces, de distinta manera en el corazón. Los que somos
creyentes, los que no lo son, los que lo son a su manera, a su tiempo…pero a
todos nos acompaña desde que tenemos noción de los acontecimientos hasta
el día que dejamos este mundo. A veces somos como los niños que toman un
objeto en sus manos y lo miran y lo vuelven a mirar tratando de descubrir qué
es, qué esconde sin llegar a conocerlo en su totalidad.

En este tiempo que estamos viviendo, que parece que lo único que importa es
la distracción el aturdirse en el bullicio de unos días de vacaciones, sin saber
debido a que los tenemos, que no miramos hacia dentro, hacia el mundo
espiritual, creyentes o no, practicantes de uno u otro credo, esa no es la
cuestión. Lo primordial es darnos un tiempo para asomarnos a esa otra parte
que nos conforma como humanos, el espíritu.

Por eso mismo he querido traer aquí, hoy, tomando la definición del poeta: la
palabra que corta, la palabra que desanuda, la palabra profética Navidad,
descrita en unas bellísimas líneas por la escritora chilena Gabriela Mistral,
premio Nobel de literatura de 1945.

…SOLO SÉ COMO SE LLAMA…

Qué si nació hoy, qué si nació ayer,

Qué si nació aquí, que si nació allá

Que si murió a los 33, que si murió a los 36.

Que cuantos clavos, que cuantos panes y pescados.

Que si eran reyes, que si eran magos.

Que si tenía hermanos, que si no tenía.

Que donde está, que cuando vuelve.

Yo, lo único que sé es qué…

A mí me tomó de la mano cuando más lo necesitaba.

Me enseñó a sonreír y a agradecer por las pequeñas cosas.

Me enseñó a llorar con fuerzas y a dejar ir.

Me enseñó a despertarme agradecida y a acostarme con la cabeza tranquila
A caminar muy lento y sin preocupaciones.

Me enseñó a abrazar al que me necesita.

Me enseñó mucho, me enseñó todo.

Me enseñó a quererme con ganas.
A querer a quien está al lado y a darle la mano.

Me enseñó que siempre me está hablando en lo cotidiano, en lo sencillo, a
manera de mensajes y que, para escucharlo, tengo que tener abierto el
corazón.

Me enseñó cuanto me ama a través de lo que yo amo a mi familia.

Me enseñó que los milagros si existen.

Me enseñó qué si yo no perdono, soy yo el que se queda prisionero, y para
perdonar primero tengo que perdonarme.

Me enseñó que no siempre se recibe bien por bien, pero que actué bien a
pesar de todo.

Me enseñó a confiar en mí y levantar la voz frente a la injusticia.

Me enseñó a buscarlo adentro y no afuera.

Me dejó que me aleje, sin enojarse que salga a conocer la vida; a equivocarme
y a aprender. Y me siguió queriendo, cuidando y esperando.

Me enseñó que solo vengo por un tiempo y solo ocupo un lugar pequeño.
Y me pidió que sea feliz y viva en paz, que me esfuerce cada día en ser mejor
y en compartir su luz conociendo mi sombra, que disfrute, que goce, que ría
que llore y que valore, que Él SIEMPRE va a estar conmigo… qué, aunque
dude y tenga miedo, confíe, ya que esa es la fe, confiar en ÉL a pesar de mí…

Gracias, Jesús por estar en mi vida y enseñarme a vivirla. Celebro que llegó a
mi vida y que, si se lo permito, ¡vuelve a nacer en mi corazón

SÓLO SÉ QUE SE LLAMA JESUCRISTO.

Feliz navidad a todos.

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