“La literatura es una mentira para decir la verdad”.
Esta es una frase dicha por Juan Rulfo, el escritor, el fotógrafo, el creador de imágenes y líneas de letras que plasma y escribe en el aire, como si de un inventor de mundos se tratase, un México único, bello pero inquietante, real, pero a la vez inexistente.
Nace de una narrativa extraordinaria donde los silencios anudan con fuerza las frases dichas antes y después de ellos.
Ningún otro escritor ha tenido ese don de hacer hablar al silencio, solamente él.
En unos escenarios rotos donde no existe un porvenir sobreviven los personajes atrapados en un tiempo que cambió los minutos en eternidades y estos personajes saben que así será, por siempre jamás.
El concepto más genuino de lo mexicano se crea y se recrea en la narración de Rulfo, con gran facilidad, llena ese acontecer diario de cada uno con elementos que asume como naturales, la muerte, la soledad, el peso del destino y la resignación en la espera de algo que no ha de llegar.
Retoma ese lenguaje que él nos dice que oía de niño, en la hacienda, formado de palabras que pudieran ser fruto de la fusión de un castellano ya muy lejano y una lengua indígena. Y al igual que un hacedor de milagros, lo moldea con su pluma, lo construye de sueños y le da entonces, un rango Galdosiano y con él contribuye a crear las formas vivas dentro de ese realismo mágico que Rulfo incorporó a la novelística mexicana.
1950, la novela hispanoamericana había caído en un estado de letargo, no había más, la estructura se encontraba enmohecida, cansada, simplemente se repetía una y otra vez lo mismo, no existía la creatividad, se imitaba lo que acontecía, era una copia fidedigna del entorno.
Solamente con la aparición de Pedro Páramo en 1955 se rompe ese esquema y aparece ese parte aguas entre la narración ausente de imaginación y la nueva manera de escribir.
Juan Rulfo imaginó esa frase con la que inicio esta charla, y con ella atrajo a su mundo de letras ese realismo mágico para darle forma a la nueva novela hispanoamericana.
Muchas palabras se han dicho acerca de esa incorporación a la manera de escribir de los novelistas mexicanos, siempre se ha mencionado algún otro para darle ese atributo incluyendo otros escritores hispanoamericanos, como el peruano Vargas Llosa o el cubano Alejo Carpentier. Pero la verdad única, es que así escribió Juan Rulfo, así incorporó estos elementos a su novela. Una novela que después de 52 años de haber sido publicada sigue siendo tema de investigación por estudiosos del idioma y de la literatura, y, que ostenta un record de traducción a 50 lenguas, algunas tan difíciles y de poca divulgación como el ucraniano, pasando por el japonés, el ruso etc.
México se mantenía en tinieblas referente a esta literatura y a este autor, solamente cuando en 1958, la alemana Mariana FrenK la traduce a ese idioma y obtiene una respuesta excelente, es cuando se vuelve un poco la mirada hacia el escritor.
Ese Pedro Páramo de tierras áridas con la desolación y el abandono grabado en cada piedra, con un sol que ajusticia al pueblo de Comala, varado en la inmensidad de la tierra como un viejo galeón atrapado en los fondos marinos, llegó un día a los países fríos y grises del norte de Europa; y los fiordos lo miraron con asombro, con respeto y con admiración.
El sol de México brillaba deslumbrante, las flores de la hacienda de la Media Luna se escapaban de las hojas de la novela y perfumaban los hielos
noruegos…entonces Pedro Páramo se quedó allí para siempre y hoy es texto obligado en los estudios de grado de la carrera de letras españolas en la Universidad de Oslo, en Noruega.
Yo quisiera que esto nos hiciera reflexionar y pensar que la mayoría de las veces la buena literatura la tenemos al alcance de la mano.
Quiero cerrar esta charla dejando aquí algo que escribí hace ya tiempo para el espacio de Letras Vivas, actualmente ocupado por Juan Rulfo, en radio universidad.
Para los que no quieren conocerlo, o lo niegan en el conocimiento, para los que solo lo ven en los fantasmas que pueblan sus cuentos; a todos ellos les digo: que están fuera del tiempo que quiso y dio a Rulfo ese sitial en la literatura de gran calidad.
Entonces el escritor abrió la mano, soltó la pluma sin prisas, y dejó Pedro Páramo al mundo.
Muchas gracias.
Charla impartida por la escritora María José Almudí en su presentación en la Feria Universitaria del Libro, agosto del 2007