Queridísima Araceli
Hoy que la vida se te ha hecho presente acompañada de esa circunstancia terrible que va inherente a nuestra condición humana desde el día que nacemos, siempre a nuestra vera, esperando el momento ineludible de citarnos para irnos juntos, hoy más que nunca tienes que estar ahí, como testigo de esa marcha que deja ese vacío tan difícil de medir, como el infinito.
Estar ahí, fuerte, entera hasta el final, sosteniéndote de la creencia y religiosidad que estoy segura guardas dentro de ti; echando mano de esa fortaleza que solamente una madre en el silencio y soledad de su dolor sabe hasta dónde puede llegar.
Araceli, él siempre estará contigo y tú con él, ten la seguridad de ello y de que habrá de seguir esa relación madre –hijo por siempre, solo que en un esquema distinto, en un plano donde los protagonistas serán únicamente los dos; y cuando sientas que ya no puedes más, recuerda lo que escribió Francois Mauriac.
“La muerte no nos roba los seres amados; al contrario, no los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida si que nos los roba muchas veces y definitivamente.”
Al transcurrir del tiempo, el dolor perderá esos tonos de acero que hoy te rasgan las carnes y cierran el paso del aire hacia tus pulmones, lo hará para convertirse solamente en un dolor envolvente de la nostalgia que habrá de fortalecerte y darte serenidad.
La partida de un hijo no se compensa con nada, pero aún así, la vida te tenderá la mano, ¿en cuánto tiempo? eso no lo sé, pero cuando suceda te hará caminar por un camino menos duro, con momentos y situaciones que te ayudarán a seguir adelante y te reconfortarán, y tu hijo estará en algún lugar viéndolo.
Estoy segura que en estos momentos la gente que te quiere se encuentra contigo, arropándote, preocupándose, haciendo lo posible para sostenerte y que te sientas acompañada en tu soledad de estos momentos tan duros
Yo te digo que estoy aquí, para lo que quieras, para lo que necesites, cuando sea y dónde sea. Para llorar contigo, para escucharte, para darte una palabra de apoyo, para abrazarte cuando sientas que ya no tienes de donde sujetarte. Estaré siempre cerca de ti, tan cerca como estás de tu teléfono.
Te abrazo muy fuerte, con todo mi cariño a la vez que pido por ti