Moya, soy un robot y, … te miro a los ojos
La soledad es el monstruo que hemos creado entre todos, el gran problema de la sociedad actual tan desprovista de tiempos para lo que es realmente importante y desde luego, tan indiferente a todos y a todo lo que no nos concierne directamente No solamente las personas mayores padecen esa soledad en su caso no deseada y conociendo donde se origina; los niños también la padecen y en su caso sin conocer el porqué, pero al menos ellos, en ese maravilloso mundo de sueños y de creación continua que poseen, se inventan un amigo que les ayuda a apaliar esos momentos tristes. Moya, ¿solucionará el problema de sentirse solo?
Finalicé mi artículo anterior haciendo referencia a esta robot que ha causado asombro acompañada de una cierta fascinación ante lo que se considera la “perfección” que se ha logrado en su creación. Desde que se supo de ella, también en el decir de algunos asistentes, especialistas en robótica, ha despertado igualmente un sentimiento sino de miedo, algo que se mueve entre la inquietud y un cierto desconcierto rozando algo parecido al temor al estar frente a lo que casi casi se podría confundir con una mujer de carne y hueso. Más de uno se ha de haber preguntado ¿es real? Y al descubrir lo que es, o, lo que deja de ser, el siguiente cuestionamiento seguramente será algo así: ¿hasta dónde vamos a llegar? Y yo doy como respuesta mi frase, marca de mis artículos. Recuerda: con la Inteligencia Artificial estamos viajando hacia el infinito.
Moya, de cuyo nombre se ignora su significado y también la elección del mismo, que se guarda celosamente por parte de sus creadores, quizá porque no se han puesto de acuerdo para bautizarla y se han quedado con Moya que el diccionario define como apellido usado para referirse a una persona indeterminada, sin nombre.
Todos tenemos conocimiento que los robots humanoides cada vez se asemejan más a las personas reales, como tú o yo, personas de carne y hueso, y esa casi perfección ha llegado con Moya. Vamos a definirlo como lo que es un androide biométrico creado por la compañía Droidup y que sus creadores se refieren a él
como el primer robot inteligente encarnado del mundo; un robot biónico bellamente diseñado y expresivo.
En su “puesta de largo” en la ciudad de Shanghái, en China, se veía a Moya desplazándose de manera muy natural debido a que no utiliza ruedas para ello, se la veía muy humana, sonriendo y haciendo contacto visual con los asistentes. Todo ello acompañado de unas características físicas que dejaron a más de uno sin habla.
Moya tiene una estatura de 1.65 mts., lo que es la estatura promedio de la mayoría de mujeres a nivel mundial; su piel es cálida y mantiene su temperatura entre 32 y 36 grados, con un peso es de 32 kilos. Puede guiñarte un ojo, también mostrar sorpresa de forma espontánea y todo ello mientras te sonríe y mantiene el contacto visual contigo. Posee 25 actuadores faciales, y memoria contextual. Se le ha dado permiso de percibir, razonar, y actuar dentro del mundo físico… ¡claro por los sistemas integrados que tiene!
La frontera entre la tecnología y la presencia humana sin darnos apenas cuenta se va borrando, es una clara señal de que la interacción hombre – robot ha cruzado ya esa línea y está entrando en una nueva etapa donde los gestos realizados por el robot marcan esa evolución. Moya integra la llamada Inteligencia Artificial ”encarnada”, que aúna percepción, razonamiento y acción física en un mundo real donde todos nos movemos.
Creo, que habría que detenernos un momento antes de continuar en este desenfreno de avances y más avances para preguntarnos hasta donde nos puede llevar, porque hemos llegado, sin pararnos a reflexionar, hasta el punto que habría que preguntarse que sigue sin rozar el peligro.
Moya quiere ir más allá, ella quiere parecerse a nosotros, no sé limita a ejecutar órdenes programadas de antemano, quiere más y por eso tiene integrada visión artificial, reconocimiento de gestos y lo más importante, procesamiento del lenguaje para interpretar el contexto. Sus ojos, atrás, tienen situadas unas cámaras que alimentan modelos de IA capaces de detectar rostros, seguir miradas y mantener contacto visual durante una interacción. Todo ello indispensable en la comunicación humana.
Aunque sus creadores se refieren a ella con el adjetivo de inteligente, lo cierto es que no tiene un cerebro humano, (eso me tranquiliza), su cerebro es robótico, consistente en una combinación de computadoras de alto rendimiento, software de Inteligencia Artificial y sensores, (cámaras y Lidar especialmente) que le permiten llevar a cabo todo lo que se ha comentado.
Lo que preocupa, creo que a muchos como a mí es que funciones va a realizar Moya; primero se dijo que para actividades educativas y también sanitarias en hospitales, con enfermos terminales etc. pero últimamente lo han presentado como un apoyo para las personas que viven en una soledad no deseada, no buscada, sino impuesta por la sociedad actual, en definitiva, evitar en lo posible la depresión en esas personas. ¿Qué apoyo va a proporcionar? Creo que antes de aceptar esa “compañía” se debe de conocer muy bien todo el proceso y desempeño de sus tareas.
Claro, afortunadamente todavía no hemos llegado a la perfección, y este planteamiento también tiene contratiempos o limitaciones. Una de ellas, quizá la más importante a resolver es la autonomía energética, aunque a la fecha no se cuenta con cifras exactas publicadas donde basarse, se sabe que los sistemas de actuadores, sensores y procesamiento intensivo de la IA consumen una gran cantidad de energía lo que le limita a Moya las horas de funcionamiento continuo.
Se plantea sacar a Moya a la venta a finales de este año 2026, su precio exacto todavía no se conoce, pero se estima que con un costo aproximado que empezaría en los 6.500 euros. Y de ahí en adelante.
Toda esta historia de Moya me ha trasladado en mi memoria a hace ya bastantes años con la aparición de la Mujer Biónica, y también con una extraordinaria película. El Hombre Centenario, un robot que finalmente se vuelve humano, se enamora etc. Y también, como no, de toda aquella historia que se creó alrededor de las muñecas inflables que el ejército americano proporcionó en su momento para su goce y disfrute a sus soldados cuando se iban a distintas misiones.
¿Mentira, una verdad a medias?, ¿una historia que surgió de una mente calenturienta? No lo sabemos, pero hay que tener cuidado, mucho cuidado. Los sentimientos y emociones claramente humanas no se pueden remplazar artificialmente.
Recuerda: Con la Inteligencia Artificial, estamos viajando hacia el infinito.
Hasta la próxima.