Los cuentos del sol y de la luna

La Luna se paseaba por los grandes salones del Universo, lo hacía nerviosamente y su larga cauda compuesta de polvo de estrellas se ondulaba y se quedaba suspendida formando una caracola cuando ella giraba.
Llevaba ya un rato, qué aquí en la Tierra eran años y años, pensando qué tenía que platicar con su amigo el Sol de algo muy importante, quería qué él lo supiese y pedirle ayuda para sus planes.
Así, qué ni corta ni perezosa se fue a su encuentro. Ese día salió más temprano y marchó a esperarlo en la línea que separa el día de la noche. La bóveda celeste lucía con todos los colores del universo, se había vestido de fiesta para ese encuentro y el lugar brillaba con tonos dorados y anaranjados mientras el Sol, se acercaba con solemnidad hacia sus aposentos para descansar hasta el día siguiente.
Iba ya casi dormido cuando la Luna se interpuso en su camino. Entonces el atardecer se volvió de plata, y ella lo atrapó con sus grandes ojos del color del hielo, lucía majestuosa y el Sol por unos instantes, deslumbrado ante tanta belleza, se detuvo a contemplarla.
_ Hola, amigo Sol, le dijo con una voz formada con los sonidos del universo, quiero hablar contigo de algo que me ha tenido un poco preocupada por un largo rato, y también he estado pensando, porque he sabido, por un confidente fugaz, que los niños no nos conocen, ya sabes los niños de la Tierra, ellos no nos conocen, no saben quiénes somos y porque estamos aquí arriba, casi, casi en el cielo.
Al escuchar esto el Sol se quedó asombrado, no podía creer lo que acababa de oír ¡qué él, el Astro Rey no era conocido! A sí, que un poco enojado y de manera muy firme le contestó.
___A mí, todos me conocen, y añadió con una voz más fuerte: ¡Yo soy el Sol! La Luna, que era muy lista le sonrió mientras pensaba, ”es un presumido” pero para que él no se enfadase más no se lo dijo, al contrario, lo animó diciéndole.
__Claro, Claro, es verdad que todos te conocen, pero no saben lo importante que eres y otras cosas de ti, por ejemplo, porque brillas tanto, más que ningún otro astro. ¿No te gustaría qué todos lo supiesen? Y, también ¿qué eres la estrella que manda el calor y la luz a la tierra?
_Bueno pues… El Sol no sabía cómo decirle que le parecía muy bien y que estaba muy contento con la idea porque era muy vanidoso y no quería que ella se diera cuenta de que lo había convencido fácilmente
La Luna entrecerró sus ojos que se le habían llenado de estrellas por la felicidad tan grande que sentía, se había dado cuenta que había ganado, que lo tenía a su merced y entonces con una voz suave que era casi un susurro le dijo.
_ No te preocupes, yo voy a encargarme de todo y esos niños que luego miran al cielo sabrán que tú eres el Astro Rey.
Ahora, ya vete a dormir que se te está haciendo muy tarde, y entonces, el Sol obediente, que ya casi se la cerraban los ojos por el sueño, se dio la vuelta y lentamente empezó a descender hacia sus aposentos hasta desaparecer en la línea del firmamento.
Así empiezan los cuentos del Sol y de la Luna.
OYE LUNA, ¿QUIÉN ERES?
ENTONCES, LA LUNA CONTÓ SU HISTORIA.


Cada noche antes de dormir Milena corría las cortinas de la pequeña ventana de su cuarto y se quedaba un ratito mirando el cielo negro que a veces, se mostraba bordado con estrellas que parecían estar de fiesta, y en otras ocasiones, había algunas nubes que se habían quedado atrapadas en su camino de regreso al día siguiente, y donde siempre, siempre, aparecía después de unos minutos esa bola blanca y se detenía justamente frente a su ventana.
Milena tenía una gran curiosidad con la Luna, su maestra les había dicho que era un satélite y desde entonces ella no dejaba de pensar cómo una cosa tan bonita tenía un nombre tan extraño y también creía que era un poco feo.
Esa noche mientras recorría el camino del cielo buscando a la luna pensó que quería conocer todo sobre ella, saber de dónde venía, quizá lo hacía de muy lejos y ya tenía muchos años y estaba a veces cansada y por eso no siempre brillaba con la misma intensidad.
Cuando la encontró le pareció más bella que nunca y Milena pensó que era más redonda que otros días, vio como a su paso los techos de las casas se vestían de una luz celestial que recorría las fachadas, y el empedrado de la calle para desaparecer detrás del campanario de la iglesia.
La vio tan hermosa que no quiso cerrar las cortinas para poder verla todo el rato hasta que se quedara dormida.
Fue así, que esa noche, la Luna que llevaba ya un tiempo viendo a la niña mirándola desde su ventana, pensó que había llegado el momento de contarle todo lo que ella quería saber, pero para eso Milena tenía que estar dormida.
Cuando se durmió, la Luna se deslizó del cielo por un tobogán de rayos de luz casi blancos, lo hizo con mucho cuidado hasta que llegó frente a la habitación de la niña y una vez allí la luz la cobijó para convertirla en un hilo brillante que con facilidad se coló entre los postigos de la ventana.
__ Bueno, pues ya estoy aquí, dijo la Luna con una voz baja, que solo las estrellas podían escuchar. Y entonces con una sola mirada de plata recorrió todo lo que había en esa habitación: El ropero, la mesa donde estaban los útiles que la niña llevaba a la escuela, el viejo sillón forrado con una tela de grandes flores rojas y anaranjadas donde Pepita la muñeca de trapo que tanto quería Milena estaba atenta con sus ojos inmóviles, vigilante de los sueños que aparecían en su mente cuando ella cerraba los ojos y se cobijaba en la enorme cama de princesa pintada de un rosa pálido.
Cuando la Luna entró en la habitación de la niña, la noche afuera se hizo muy obscura y las personas que caminaban por la calle se extrañaban y solo decían ¡Qué noche tan rara! ¡Es una noche sin luna!
Pero nadie sabía que esa noche La Luna se había recogido en una casa de una calle del centro donde las casas saben muchas cosas porque ya tienen muchos años, y había entrado a una habitación chiquita y le estaba contando su historia a una niña que por muchas, muchas, noches la había estado buscando en el firmamento y sin ella saberlo la había llamado desde el fondo de su curiosidad, y con las ganas de saber todo de ella.
Y en esa noche obscura, Milena entre un sueño ligero y otro profundo, supo por fin quién o qué era La Luna.
FIN
Con una voz de sonidos que asemejaban pequeñas campanas empezó a hablar, lo hacía lentamente para que queda palabra tuviese el tiempo de llegar a los sueños de la niña y crear las imágenes que le dieran forma a lo que le contaba.
Tengo ya muchos años, muchos, muchos y aunque tú me ves hermosa mi cara está ya muy vieja y tiene marcas que se me han hecho al estar viajando por el espacio, porque yo he viajado mucho.
Mientras la Luna contaba, Milena se daba alguna que otra vuelta en su cama, parecía que la narración la mantenía despierta en su subconsciente y estaba más interesada que nunca en descubrir todo acerca del satélite.
__Nací muy lejos de este planeta dónde tú vives ____siguió diciendo, vengo de muy lejos, he estado viajando desde hace cuatro mil millones de años. He visto y he estado con los asteroides y los cometas y … se detuvo por unos instantes, y pensó que también tendría que explicarle que eran los asteroides y los cometas y tantas y tantas cosas que existen en el universo, pero decidió que eso sería en otra noche que la visitase, primero ella tenía que presentarse y contarle toda la verdad y hablarle de las mentiras que dicen de ella los que no la conocen.
-Pues como te iba diciendo-, continuó, yo iba viajando por el espacio, llevaba muchísimos años haciéndolo hasta que una noche me encontré frente a un hermoso mundo llamado Tierra, tenía una bellísima luz azul que lo envolvía queriendo parecer un espejismo. Es por eso que para salir de dudas me acerqué un poco más y otro poco hasta que vi que si estaba allí, ¡qué era real!
Su belleza era tan espléndida que yo me despedí del tiempo para poder quedarme y seguir contemplándolo y así pasaron miles de años, hasta que un día, al fin, me di cuenta que la Tierra me había atrapado y que yo giraba y giraba a su alrededor.
-¡Ah! Se me olvidaba decirte que esa luz azul se llama atmósfera, y por eso, este planeta tan hermoso en el que tú vives y es tu casa, que es la tierra, es el planeta azul.
El susurro de la Luna al hablar, había levantado un poquitito de aire lunar que había ondulado la cobija de cuadros de la cama. Milena movió sus pestañas como si quisiera decir algo con ellas pero después de unos segundos sonrió levemente y se perdió en el mundo de los sueños.
Ahora ella estaba afuera y podía contemplar todo, el negro espacio, pero que se había vestido de luces para darle la bienvenida, las había de todos los colores y se apretujaban unas con otras para estar en primera fila. Viéndolas Milena pensó:
____. ¡Son las estrellas! ¡Las luces son las estrellas y me quieren saludar!
Ella movió su mano para saludarlas y continuó embelesada viendo un cielo encendido con brillantes colores y luego descubrió más lejos, pensó que estaba en la tercera o cuarta fila de estrellas, una más pequeña y que no brillaba tanto y pensó que quizá estaba triste o perdida y eso la inquietó un poco pero de repente se acordó que su maestra Emilia, ella les había contado de una estrella que estaba mucho más lejos y que con otras estrellas formaban…¿Cómo le había dicho su maestra? ¡Ah sí! La cucharita del cielo.
Después de esto Milena se sintió feliz y hasta se acordó del nombre de esa estrella, era la estrella Polar y estaba segura que ya nunca se olvidaría de su nombre y que cuando mirara al cielo por la noche y este prendiera sus luces de colores, ella siempre en ese rincón lejano donde la había descubierto, la volvería a encontrar.
La noche seguía su curso, caminaba despacio hacia el despertar del día, pero no tenía prisa se movía como una bailarina en un gran salón, entre unas y otras estrellas y parecía quererle mostrar todas a Milena, cuyos ojos se habían convertido en unas enormes ventanas donde se asomaban las preguntas que la niña quería que le contestaran.
Los colores pasaban delante de ella, del azul, al anaranjado, amarillas, rojizas, todas ellas dejaban a su paso un hilo de luz que Milena quería retener y que se escapaba entre sus dedos creando arabescos frente a sus ojos que gritaban
____¡No se vayan! ¡Quédense conmigo!
La Luna vigilante, parecía marcar el paso de los acontecimientos y entonces en un hecho sin precedentes movió su cauda y todas las estrellas se detuvieron por un instante y en la bóveda celeste aparecieron palabras y letras que alborotaron a los cuerpos celestes, pero solo fue para que las estrellas se agrupasen por colores.
Así saliendo de esta fórmula mágica apareció tintineante la palabra TIPO, toda ella plateada y a su lado una gran O toda de color azul, y debajo de estas dos palabras, la noche se ilumino toda de azul y aparecieron todas las estrellas de este color que eran grandes y con mucha luz.
Le sonrieron a Milena que estaba asombrada ante esa aparición, y luego rápidamente en una danza que solo se puede ver en el cielo nocturno se hicieron a un lado, y entonces apareció la misma palabra TIPO pero esta vez acompañada de la letra B que irradiaba una luz blanca azulada, y con ella todas las que tenían esos tonos, para después dejarle el lugar a las de TIPO A, que tienen un color blanco verdoso y que aparecieron con la estrella Vega al frente.
El desfile no parecía tener fin y Milena aplaudía feliz cada vez la letra cambiaba y también su color.
Siguieron las de TIPO E que eran todas de un hermoso color verde y con ellas venía la estrella Polar y como ya la conocía cuando pasó frente a ella le mandó un beso con la punta de sus dedos para que supiese que la había reconocido.
Luego aparecieron las más presumidas porque como son amarillas como el Sol, se creen mucho, son las de TIPO G y como son tan orgullosas casi no se detuvieron frente a Milena, pero a ella no le importó. Las había grandes y otras más chiquitas pero todas de un amarillo intenso. Con el paso del tiempo ella supo que a las chiquitas las llaman enanas.
Todavía no acababan de acomodarse las G cuando el cielo se llenó de unas rayas amarillas y anaranjadas, eran las estrellas pertenecientes al TIPO K, venían rápido, no querían que apareciera algún agujero negro y se las tragara. Se movían con mucha facilidad como si no pesaran nada y ella pensó que quizá eran como los globos, que solo tienen aire.
De repente, las luces perdieron intensidad, cada grupo de estrellas acomodado donde le correspondía parecían estar pintadas en el firmamento, nada se movía todo parecía haber terminado y Milena un poco triste así lo pensó.
Pero en un momento, el cielo se llenó de fuego, un rojo intenso avanzaba devorando la negrura imperante y el gran contingente de estrellas del TIPO M aparecieron con el rojo intenso que las caracteriza. Los ojos de Milena no podían estar más abiertos y sus labios marcaban una curva para poder respirar mejor.
La Luna, lejos pero cerca, esbozó una sonrisa dónde asomaba ya el amanecer, estaba divertida observando el asombro y la felicidad de la niña, y pensó:
____Ha sido un gran acierto dejar a las estrellas rojas para el final del desfile, ha sido un final espectacular, solo hay que ver la cara de Milena.
La noche se acercaba a su cita con el despertar del día, las estrellas apagaban puntualmente sus luces y marchaban hacia sus lugares de descanso, ellas también necesitaban reponer fuerzas. ¡Habían tenido una noche muy ajetreada y habían perdido mucha energía!
La Luna volvió sobre sus pasos, según avanzaba su cauda perdía parte del hermoso brillo que adquiría por la noche y su rostro se alejaba del plateado para adquirir un blanco lechoso, eso ocurría desde el principio de su existencia, cuando se acercaba al límite de la noche.
La habitación de Milena empezaba a llenarse de una claridad que apenas nacía y que recorría cada rincón hasta detenerse sobre su rostro para despertarla.
La Luna se acercó a la cama, miró con ternura el sueño tranquilo de la niña y antes de desaparecer por la rendija por la que había entrado le dijo.
____ Esta noche has aprendido que las estrellas son diferentes, unas a otras, que todas son bellas e importantes, que forman parte del universo, porque al igual que todo lo que existe en ese mundo y que está allí afuera es importante para la recreación de la vida en este hermoso planeta que es la Tierra.
Nunca olvidarás que para presentarse ante ti, los siete grupos que forman el mundo de las estrellas han vestido sus mejores galas y han desfilado para de ti como lo hacen cuando el Señor del Reino del universo las llama a su presencia.
Cuando la Luna dejó de hablar, la luz del día ya empujaba con fuerza a las sombras que quedaban en la habitación, que se iba llenando de siluetas conocidas.
La Luna se cruzó con la claridad en el estrecho resquicio de la ventana, una entraba y otra salía, se saludaron y cada una siguió su camino, se conocían y se complementaban… desde siempre y lo seguirían haciendo por siempre.
En la cama Milena volvía del sueño y se había detenido en ese duerme vela que nadie sabe cuánto dura, pueden ser minutos u horas. ¡Quién sabe! Algún día quizá el tiempo nos descubrirá su misterio.
En su lugar de siempre, en el viejo sillón tapizado de una tela con grandes flores rojas, Pepita seguía con la mirada fija al cuidado y resguardo de esa niña que vivía y soñaba con la libertad que, le proporciona el ser feliz
Ese día Milena despertó feliz, había soñado y había vivido un hermoso sueño, saltó de su cama, se acercó a Pepita y después de darle un beso le dijo:
¡Tengo que contarle a mi maestra que esta noche estuve con la Luna!
FIN