La paz comienza con una sonrisa.
Ahora en estos días en que estamos contemplando unos escenarios dantescos, conflictos bélicos de una crueldad inimaginable y que pareciera que estamos tomando una postura lejana frente a estas guerras, como si fuésemos ajenos a ellas; me hace reflexionar sobre, quién o quienes son más culpables: los que las inician o los que las sostienen y las alimentan suministrándoles armamento de todo tipo… porque finalmente la guerra es el gran negocio económico de las grandes potencias.
Pero las personas como tú o como yo, que lo único que está a nuestro alcance es alzar la voz, saliendo a la calle, un día y otro, ¿ podemos hacer algo más?
Sí podemos enseñar a nuestros hijos, a nuestros nietos lo que encierra la palabra PAZ, para que al crecer tengan esa consigna en su corazón y en su pensamiento: Sí a la paz, no a la guerra.
Te dejo aquí esa pequeña historia que he escrito para empezar, si tú quieres, a preparar a los niños de hoy para ser un día hombres y mujeres de paz.
Una lonchera llena de paz.
Ese día Carlita se despertó muy temprano, no había dormido bien, pues tenía que llevar una tarea muy especial a la escuela, al menos su maestra así les había dicho el día anterior. Iba a ser el día mundial de la paz y todos los niños del salón tenían que llevar una tarea explicando que significaba esa palabra para cada uno ellos y con sus pensamientos harían un gran mural que colgarían en una pared del salón durante todo ese primer año de primaria.
Mientras se preparaba para desayunar, Carlita sacó su libreta donde había estado trabajando sobre los valores y lo que la maestra les había ido contando; volteó la hoja y leyó despacio lo que les había dicho la maestra:
La paz es un valor que todos tenemos y que podemos utilizar para ayudar a los demás; la paz está siempre en nuestro corazón, es un gran tesoro que nos ayuda a ser felices y a no hacer la guerra ni pelear
La mamá de Carlita se acercó a la mesa donde colocó un gran vaso de leche y unas galletas y mientras su hija desayunaba revisó la lonchera y la cerró.
Ya solo faltaba que el transporte escolar llegara a recogerla, mientras esto sucedía su mamá se inclinó hacia ella y le dijo.
“La paz comienza con una sonrisa” No olvides nunca estas palabras, las dijo una mujer que se llamaba Teresa de Calcuta y que desde muy joven dedicó su vida a cuidar a los enfermos y a promover la paz entre todas las personas.
A la hora del recreo, cuando Carlita abrió su lonchera, se encontró con una gran sorpresa, su mamá había puesto en ella una paleta de chocolate para cada uno de sus compañeros y en todas había escrito:
“La paz comienza con una sonrisa”