JULIETA FIERRO. Una mujer para la historia
“Si uno se dedica a esta área necesita saber biología para entender la vida extraterrestre, de la química para conocer la evolución de las estrellas, además de la física y matemáticas para razonar sobre la vida en el universo” Julieta Fierro
Después de lo escrito y comentado en los artículos anteriores sobre el cosmos y todo lo que se le puede relacionar, como son los portales, y otros fenómenos y el haber llegado hasta Carl Sagan, era de recibo que llegaría el momento de hablar de alguna mujer con la suficiente talla científica para hacernos eco de su historia. El momento ha llegado, aunque tristemente, ha saltado a estas páginas a raíz de su fallecimiento.
Me refiero a Julieta Norma Fierro Gossman (1948 – 2025)
Hija de padre mexicano, médico militar y de una estadounidense escritora, Julieta fue desde su infancia una niña inquieta poseedora de una imaginación desbordante que la llevaba a soñar con ser hada o formar parte de un circo, y después tener 12 hijos. Deseaba vivir en un mundo de fantasía que alimentaba buscándolo en la lectura de los libros de ciencia y astronomía que había en su casa. Se embelesaba una y otra vez con las imágenes que aparecían en esos libros del cosmos con grandes láminas a todo color que la hacían entonces buscar en las enciclopedias todo lo que ahí se contaba sobre el espacio.
Su vida no fue fácil, pues desde niña enfrentó hechos de los que te marcan para siempre. Huérfana de madre a los 13 años y con un padre estricto que decidió que sus dos hijas se quedaran en el hogar para cuidar de los otros hermanos más pequeños, en especial su hermano Miguel que nació con síndrome de Down. Pero Julieta se reveló, se inscribió en la UNAM y se fue a vivir con una tía para poder seguir estudiando.
Es curioso quizá por su apariencia distraída, algo normal en las personas de mente brillante, tanto su padre como su hermana mayor la tenían por algo “tontita”. Pero estudió física, se graduó en 1974 y se especializó en astrofísica, enfocándose en la materia interestelar y estudios sobre el Sistema Solar.
A pesar de que a lo largo de su vida enfrentó la dislexia, una condición que le dificultaba la lectura y el aprendizaje, ella nunca permitió que la limitara, y siempre consideró que fue lo que la ayudó a desarrollar habilidades de comunicación y empatía, cualidades que la convirtieron en una gran divulgadora. La divulgación de la ciencia se convirtió en su gran pasión.
En este que sería el trabajo que más le entusiasmaba, Julieta se distinguió por hacer accesible la ciencia a todo tipo de público, sin tener en cuenta su edad, y es que utilizaba objetos cotidianos para explicar fenómenos complejos, lo que convertía la astronomía en algo comprensible y divertido.
No importaba el tema, ella sin detenerse en su dificultad, como si de una maga se tratara, convertía lo más complejo en lo más sencillo. Desde los agujeros negros, la materia gris, la velocidad de la luz, la expansión del universo, lo que fuera, ella lo explicaba de manera didáctica, fácil y entendible para todo tipo de asistentes a sus conferencias y presentaciones.
Cuando finalizaba, obsequiaba libros de su autoría, (publicó 41 libros, de los cuales 23 estaban dedicados a la divulgación de la ciencia) y también, chocolates acompañados de una de sus frases preferidas, “la ciencia es dulce”.
Mujer de hábitos saludables y sencillos, disciplinada y ordenada en todo lo que hacía y vivía. Todos los días se levantaba a las 7 de la mañana, y ya con su primera taza de café en la mano, empezaba su día revisando el correo. Fue así que recibió la noticia de que había sido elegida como miembro honorario de la Academia Estadounidense de Artes y Ciencias, como en su momento lo fueron Albert Einstein, y Charles Darwin entre otros, y más recientemente Pablo Picasso. Algo que nunca Julia Fierro imagino recibir.
Recibió numerosos premios y reconocimientos a lo largo de su vida, llevando a México y a la UNAM a lo más alto de la investigación astronómica, y por su gran habilidad y destreza para echarse la ciencia a la bolsa, ir a dar una charla y dejar al público maravillado descubriendo que la investigación científica, en este caso el cosmos, no es de otro mundo, aunque se encuentre allá afuera, es de este, el de todos los días, porque Julieta Fierro lo explicó y lo enseñó así, sacando de esa bolsa que siempre la acompañaba, todo tipo de objetos, de los que se usan en cualquier casa para los quehaceres cotidianos, y esto en medio de bromas y chanzas arropadas de un humor que atraía en especial a niños y jóvenes.
Para esos niños, que definía como su público preferido porque “preguntan lo que quieren saber” Julieta encabezó varios proyectos de promoción científica, para que nunca perdieran su interés por la astronomía.
Fue miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel III. Recibió cuatro doctorados honoris causa y premios muy importantes como el Kalinga en 1995, y el Klumpke-Roberts en 1998. Además fue miembro de la Comisión de Educación de la Unión Astronómica Internacional. Y hoy escuelas, planetarios y bibliotecas ostentan con orgullo su nombre.
Pero para esta astrónoma, apasionada, y entusiasta, hubo dos distinciones que fueron especiales para ella: Ocupar el sillón número XXV de la Academia Mexicana de la Lengua y el darle su nombre a una nueva especie de luciérnaga descubierta hace poco tiempo, “Pyropyga julietafierroae.
Para la mujer que se maravillaba con mirar las estrellas, hoy habrá de estar recorriendo esos caminos que tanto imaginó y contemplando la belleza que sin duda existe en ese espacio.
Julieta, te deseamos una feliz estancia en tu nuevo hogar, el cosmos.
Por si te interesa, te recomiendo uno de sus libros: La Familia del Sol