El último encuentro
Lo primero que llama la atención de esta novela es la intriga que se hace presente desde el inicio de su lectura y que te mantiene atrapado en un argumento que el escritor dosifica en sus detalles a la espera de que se descubra, hasta el final, la respuesta a dos preguntas que ya no tienen importancia. Ya no es el tiempo, hay una barrera de 41 años que ha desdibujado el deseo de una venganza.
Un adulterio, dos amigos desde la infancia, Henrik protagonista, Konrád antagonista y una mujer con un amor que será parte del destino de los dos.
Alrededor de un adulterio Márai crea una historia donde convergen varios sentimientos, amor, soledad, despecho, fidelidad, venganza, que son los grandes ejes que mueven la historia, y que finalmente dejan paso la amistad, como el gran sentimiento que triunfa.
Con una prosa elegante y fluida te describe al detalle los escenarios donde se desarrollan los acontecimientos y que muestran el verdadero ser y sentir de cada uno de ellos y que con esta retrospectiva la convierte en una novela con dos partes, puede decirse que con un antes y un después .La primera con un ir hacia su pasado donde se remonta, sin prisas y al detalle, hasta su infancia.
El protagonista un hombre mayor se regodea en sus recuerdos, de tal manera que hace un recorrido puntual de todos ellos que cobran vida entre muebles, espacios, la estufa en la habitación de su madre donde el protagonista decide instalarse, en el ala vieja del castillo una vez decide que no volverá a vivir con su mujer.
Este recorrido, más emocional que otra cosa, lleva al protagonista hasta el recuerdo de la casa del que era su gran amigo, Konrád, lugar donde descubre que él y su mujer Krisztina son amantes.
Cuando se abandonan esos recuerdos, que no es otra cosa que la preparación para la verdadera novela, y que llega con el anuncio de la visita de su amigo de la infancia. Aparece en ese momento ante los ojos del lector una reflexión profunda que el escritor evidencia sobre el gran misterio que representan la relación que se puede tener con uno mismo y con los demás seres humanos.
El encuentro entre los que fueron los mejores amigos hace 41 años, la larga conversación que sostienen, y que por momentos se convierte en un largo monólogo del general, es toda una lección sobre la sobrevivencia, el saber dónde y cuándo es el momento en que uno debe de dejar de cuestionarse y comprender que los hechos y las acciones deben dequedar para siempre en el momento que sucedieron.
El general lo entiende así y por lo mismo decide que la amistad perdurará por encima de todo lo demás
Krisztina, la gran ausente de la novela, porque para el momento del reencuentro de los dos hombres, ella está muerta y sin embargo presente porque es la razón de la historia. Leyendo uno llega a la conclusión que fue una mujer de gran seducción y un erotismo tan fuerte que en su momento arrastró a los dos hombres a pesar de su fuerte amistad.
“La nodriza se alza de puntillas, y con la mano pequeña, huesuda y de piel amarillenta, dibuja sobre la frente del anciano la señal de la cruz”. Es el final de la historia, y para ese final aparece Nini, el ama que lo amamantó y que se convirtió de alguna manera en su parte protectora a lo largo de toda su vida, una presencia de 91 años que no necesita hablar, ni preguntar, porque lo sabe todo. Dejó su vida para fundirse en la del general, lo acoge como su hijo en un acto de amor que perdurará a lo largo de toda su vida, y como cualquier madre preocupada por el hijo le hará una pregunta.
_ ¿Estás ya más tranquilo?
_ Si_ responde el general.
Sándor Márai (1900, Kassa,Hungría // 1989, San Diego California)