Desconocida por algunos, ignorada por muchos y temida por todos
Se llama Depresión.
(Primera Parte)
La depresión es casi sin lugar a dudas el trastorno mental más estudiado en la historia de la humanidad. Al día de hoy instituciones científicas y médicas internacionales, como la OMS (Organización Mundial de la Salud, o el NIMH (National Institute of Mental) de los Estados Unidos, además de los departamentos de psiquiatría de Universidades de mucho prestigio la tienen sobre la mesa como una de las dos grandes problemáticas de salud de este siglo. La otra, el estrés.
La depresión hoy se estudia como un trastorno del estado de ánimo que se caracteriza por estar siempre triste, un desinterés generalizado y alteraciones cognitivas, además de cambios físicos que trastocan la vida cotidiana de quien la padece.
Pero no siempre se entendió así. Hizo un recorrido de más de dos mil años evolucionando de desde una interpretación filosófica de la tristeza humana, hasta llegar a ser un dossier clínico complejo que recogía factores biológicos, psicológicos y sociales.
Vayamos a los inicios del descubrimiento de esa palabra tan temida, depresión
Como siempre tenemos que mirar atrás, en este caso hasta la Grecia Antigua donde por primera vez se le puso nombre a ese trastorno desconocido y que hoy llamamos sin pensar mucho, depresión. Hubo un médico importantísimo llamado Hipócrates que nació y murió mucho antes de Cristo, (460 / 377). En aquel momento, el citado médico, lo describió como un estado de melancolía, veamos el origen de esta palabra: Del griego melas (negro) y cholé (bilis) que se traduce como bilis negra y qué en el decir de entonces por Hipócrates, el exceso de esa bilis negra provocaba, tristeza profunda, apatía y temor y que estaba lejos de creer, como era común hacerlo, castigos divinos o posesiones del espíritu, sino alteraciones naturales del equilibrio corporal. Con el tiempo esta afirmación dio pie a un planteamiento totalmente revolucionario para aquel momento, la idea de que los estados emocionales podían deberse a causas fisiológicas.
Seguimos en la antigüedad, ¡no podía ser de otra manera! Con el planteamiento hipocrático en los siglos posteriores médicos romanos tan famosos como por ejemplo Galeno, siguieron trabajando sobre esta teoría, y es curioso constatar que, a pesar de las limitaciones de la ciencia, esta teoría de Hipócrates perduró y dominó el pensamiento médico más de mil años.
Ahora entiendo aquello del Juramento Hipocrático, y porque hasta hace muy poco, en medición histórica, a los médicos y doctores como los llamamos ahora, de les llamaba Galenos. ¿Interesante no? ¡Hay que leer para saber!
Claro, la Edad Media y el Renacimiento se citaron en un duelo entre la medicina y la religión. No podía ser de otra manera y la iglesia de la época defendió su postura por lo que la melancolía pasó a ser considerada como una manifestación espiritual asociada al pecado, la tristeza de haber perdido el estado de Gracia, y detrás de todo esto se contemplaba la influencia del demonio. Afortunadamente no todo estaba perdido pues algunos médicos y filósofos siguieron estudiando la melancolía desde una perspectiva médica lo que llevó a nuevas interpretaciones de lo que se consideraba un fenómeno.
Para el año 1621, ya en una nueva etapa, la melancolía había alcanzado el rango de enfermedad, hay quien opinó que podía ser un rasgo del temperamento humano, que se le podía asociar a la creatividad y al genio artístico. El clérigo y erudito ingles Robert Burton, partidario de ese planteamiento, publicó The Anatomy of Melancholy, un trabajo extenso que recopilaba explicaciones médicas, filosóficas sobre la tristeza profunda.
Quiero detenerme un momento para reflexionar antes de seguir y volver al planteamiento que se consideró en su momento podía ser un rasgo del temperamento humano y asociarse, probablemente, a la creatividad y al genio artístico. Aquí pongo en esta cuartilla lo que siempre se ha dicho que los artistas y con esto quiero referirme a la creatividad innata de ciertos individuos, pintores, escritores etc. que son proclives a deprimirse, y se alejan a veces por largas temporadas de su esfera de creación para encerrarse en ese pozo profundo, oscuro y silencioso que llevan en su mente y que los arrastra, sabiendo a veces que no van a volver de él y pensando que existe una sola salida, el suicidio, quizá buscándolo como única manera de alejarse de un trastorno que parece ir ganando la partida.
Cuantas veces no hemos escuchado de algún personaje que tenía, en apariencia una vida perfecta, familia ideal, posición social, status económico envidiable y un día inexplicablemente dice que va a lavarse las manos antes de sentarse a comer, todo normal, apacible… y va al cuarto de baño y se da un balazo. O el papá qué en la fiesta de cumpleaños de su niña, dice ir por el pastel a la cocina y después de un rato de no aparecer su mujer va a ver qué problema hay y se lo encuentra colgado de la lámpara del techo, se había ahorcado. Estos dos casos los tengo muy presentes pues ambos eran conocidos de mi familia, y como digo, matrimonios felices y con la vida resuelta en todos los aspectos.
Al día de hoy tenemos tantos avances, sin ir más lejos ahí está la Inteligencia Artificial que parece creerse que puede con todo, pero no es así, hay un mecanismo secreto en nuestra mente, una puerta cerrada a la cual no le hemos hallado aún la combinación que nos permita entrar.
Existen tantas preguntas para las que no hay respuesta y llevamos ya casi dos siglos teniendo una “comprensión científica” de la depresión que se inició a finales del siglo XIX y durante todo el siglo XX cuando se declaró a la psiquiatría como disciplina médica
Algo invisible pero que está ahí agazapado, el cerebro le teme porque sabe que si lo atrapa en la mayoría de los casos no hay marcha atrás, se lo llevará a esa parte profunda y desconocida donde lo detendrá hasta aniquilarlo. Cuántas veces hemos escuchado frases como estas: “amanecí deprimida”, “tengo depresión”, “escuché lo que me contaba y me deprimí”. Estas y otras frases son dichas así, simplemente sin pensar lo que se dice, y aún peor, con un desconocimiento absoluto de lo que hay detrás de esa palabra tan temida.
Manejemos el lenguaje con cuidado, sin plantear situaciones que parecen inofensivas, en especial porque no profundizamos en su significado real, cuando las decimos, pero que hipotéticamente pueden volverse ejecutoras de su contenido.
Hay mucho que ver, oír y escribir, así que la próxima semana seguiré con el mismo tema, la 2ª. parte y siguiendo la línea del tiempo, empezaré comentando sobre la psiquiatría moderna y todo lo que se conoce al día de hoy.
No te lo pierdas.