De lo religioso a lo mundano
Acabamos de celebrar Navidad, y estamos a solo unas horas de despedir el año 2023, de celebrar la Noche Vieja, como se le ha llamado desde siempre y recibir el Año Nuevo. Lo hacemos con muchas expectativas puestas en él y seguramente la mayoría con algún que otro propósito como dejar de fumar, bajar de peso, hacer ejercicio, por mencionar los habituales. Pero lo cierto es que tanto lo primero como lo segundo no será nada más que un engaño que nos hacemos a nosotros mismos.
Esperamos que la llegada, en este caso, del 2024 sea la panacea a todos nuestros problemas y esta idea se refuerza cada vez más según nos acercamos a las campanadas del 31. Lo que hace que durante unas semanas empezando el año estemos creídos que se va a llevar a cabo ese milagro, como si el cambiar un número en el calendario tuviese ese poder, sin comprender o no queriendo hacerlo, que los cambios se generan dentro de cada individuo, que lo que hay que cambiar es nuestra mente, situarla en la realidad en la que cada uno de nosotros nos encontramos en este momento, olvidándonos del realismo mágico con el que todos quisiéramos contar en nuestro día a día.
A partir de ahí, si hacemos un pequeño arqueo interior y nos situamos a la altura real de conocer y saber con lo que contamos para trabajar y mejorar en todos nuestros problemas, no importa de qué índole sean, es entonces cuando se empieza a ver el milagro, porque todo arranca cuando la llave de la actitud gira lo necesario dentro de nuestra mente para darnos la libertad y la decisión de actuar y dejar a un lado los titubeos y las dudas. Sustituir “no puedo”, por “soy capaz”, el “es difícil” por “es posible” y así sucesivamente.

Hace tiempo me topé con una frase que ha de haber sido de algún escritor, no recuerdo, pero que me hizo reflexionar sobre esa necesidad que tenemos todos de creer en nosotros mismos de tener nuestra autoestima fuerte e inamovible para ser capaces de generar ese milagro que definitivamente no viene con las uvas y las campanadas.
“La vida está del otro lado del miedo, de este lado está la supervivencia”
Te dejo la frase para que te acompañe, por si quieres ser tú, el hacedor del milagro.
Por último, un dato curioso sobre el origen de la celebración del último día del año, o de Noche Vieja. Se remonta como casi todas las festividades o celebraciones que tenemos en nuestros días, al imperio romano. En este caso los romanos celebraban al dios Juno cuya figura contaba con dos rostros, uno viejo rodeado de una espesa barba que miraba hacia el pasado y uno joven que miraba al futuro. Con él empieza el Año Nuevo.
Más adelante, sería en el año de 1502, que el Papa Gregorio XIII crea el calendario gregoriano que se utiliza en la mayoría de países y en él, aparece el 31 como último día del mes de diciembre y por tanto último día del año.
¡Felices Fiestas!