Entonces el maestro entró en el aula…
Y así entró al aula
Yo me quedo sin el aula, mejor dicho, cuando el aula era cualquier espacio donde se iniciaba la mejor conversación siempre enriquecedora entre el alumno y el preceptor, y que éste último, con habilidad e inteligencia tejía alrededor de una idea que iba tomando forma y aplicaba al alumno a participar de ella ganándole terreno a la ignorancia mientras se afianzaba querer saber más y más.
Se hablaba de un de un tema y de otro sin horarios, sin programas, sin exámenes; solamente hablando y escuchando, preguntando y recibiendo respuestas, analizando y reflexionando, llegando a conclusiones llevadas de la mano de la lógica.
De estas charlas o conversaciones ningún tema se excluía todos surgían en el momento en que eran necesarios y entonces se abordaban fácilmente y de la misma manera se retenían.
Entonces, con esa ausencia del aula, paseando y conversando el alumno adquiría mejor preparación, porque recibía una cultura general, que hoy con grandes espacios dedicados a la enseñanza, con estupendas aulas donde se aplican programas bien estructurados, en el decir de algunos, y exámenes hechos a la medida…los alumnos no tienen la preparación deseada.
Desde aquí un reconocimiento a todos los maestros rurales, a los que imparten clase en la sierra, que no tienen aula, que la improvisan, pero que como el preceptor al que hago referencia al principio, este maestro, tiene la habilidad y la inteligencia y no necesita nada más.
A ellos, MAESTROS con mayúscula, mi felicitación.