Por seguir con la noche de reyes
Cerrar los ojos, mirar hacia dentro y hacer un inventario de como andan nuestras reservas de todos esos elementos como la tolerancia, la gratitud, la consideración hacia los demás y, varios más que necesitamos para estar bien en nuestra mente, en nuestro espíritu y en nuestro corazón. Nadie sabe mejor que uno mismo quién es, como es; si mantiene a raya la envidia, la crírica, y todos esos vicios que nos empequeñecen como indivíduos y no nos dejan crecer como deberíamos de hacerlo para lograr ser ese ser perfecto de la creación.
Aclaro que no me pronuncio bajo ningún aspecto religioso o de creencias de ninguna índole, eso atañe al ámbito totalmente personal; es simplemente algo que toca lo que somos: seres humanos.
Cualquier tiempo es bueno para llevar a cabo este ejercicio, pero yo creo firmemente que la noche del cinco de enero es el mejor momento, pero, ¿Por qué esa noche?
Pues porque en esa noche todos volvemos a ser de alguna manera niños, por unas horas nos transportamos ayudados de algún recuerdo o imagen de nuestra infancia a ese escenario donde hacíamos un repaso de nuestro comportamiento, de si nos habíamos portado bien y a la vista del resultado siempre, siempre, nos prometíamos ser más buenos y hacer menos travesuras.
Creo que merece la pena rescatar ese acto de contricción y traerlo a nuestro momento actual y llevar los buenos propósitos más allá de ir al gymnasio, no abandonar la dieta y levantarnos más temprano.
No sé si rectificar es de sabios, pero si es de gente que ha avanzado un paso más hacia la superación y el equilibrio consigo mismo.