Ilustración médica cinematográfica del cáncer de vejiga con hologramas anatómicos, elementos de diagnóstico y tratamiento oncológico.

Hoy quiero hablar de mí

El gran error del tratamiento de enfermedades es que hay médicos para el cuerpo y para el alma, aunque no pueden ser separados.

Platón

Hace unos días comenté en Facebook que había tenido un “tropiezo” en mi salud, quería justificar mi desorden en las fechas de publicación en mi blog, y de paso agradecer a quienes tuvieron el gesto de tenerme presente en sus oraciones. Nunca aclaré que clase de tropiezo había sido el que había tenido; en aquel momento no consideré hacer una historia sobre un hecho tan común como estar enferma, pero después de estarlo pensando, creo que el que yo comente, simplemente comente, lo que me sucedió, puede ayudar a que otras mujeres se despojen de ese tabú a hacer referencia a esa enfermedad que cuando la tienen la silencian.

Pues una vez tomada la decisión de desnudarme aquí, en estas páginas del blog, vamos a ello. Mi tropiezo tiene nombre y apellido: se llama Cáncer y se apellida de Vejiga. ¡Todo un caso! Y lo califico así porque resulta que es el tumor más invasivo de todos, aparece y se desarrolla ramificándose casi de inmediato y en un sin darte cuenta puedes tener ya varios alojados en tu vejiga. Pero este no es el inicio de todo, el cáncer y yo nos conocemos de bastante tiempo atrás, concretamente desde 2009 cuando me extirparon un cáncer de endometrio. Así que como digo ahora, en el circuito de esta enfermedad, yo ya voy por la segunda vuelta. Eso me lleva a hacer alguna aclaración cuando gente cercana a mí o mi familia, que conocen esta trayectoria se sorprenden de como he reaccionado antes y ahora con 17 años de distancia entre estos dos encuentros. Con serenidad, y haciendo exactamente mi vida de siempre, eso no quiere decir que no esté consciente de la gravedad que encierra tener un cáncer, pero no le tengo miedo, porque el miedo te debilita y te hace más vulnerable, tampoco le temo ir a una mesa de operaciones, reconociendo que cualquier intervención conlleva el riesgo de una complicación y que ya no vuelvas, pero si había algo a lo que me iba a enfrentar ahora por primera vez y a eso sí le temía, a la quimio, pero de ello comentaré más adelante. Primero quiero comentar que no le tengo miedo porque soy una mujer de Fe y la fe es un pilar muy sólido donde uno se puede sujetar y encontrar serenidad y lo segundo es que soy de las que ha creído siempre que al médico hay que ir antes de estar enfermo, es decir, soy partidaria de la medicina preventiva, sobre todo a partir de los 50 años. Tener un médico de cabecera que te mande hacer una buena revisión una vez al año, ajustándola a los años que una va cumpliendo es un factor clave. Sé perfectamente que una inmensa mayoría opina que ¿para qué hay que ir al médico cuando uno se siente bien?… pues para eso, para seguir sintiéndose bien.

La verdad, es que muchas personas tienen miedo de esa visita al galeno, como dicen, prefiero no saber si tengo algo. Eso es el mayor error, por ejemplo, en el caso concreto de un cáncer los tiempos son fundamentales, cuando se atiende al inicio, la mayoría de las veces se sale de él y la vida sigue. El ignorar lo que está sucediendo no será para siempre porque las enfermedades no desaparecen de un día para otro ni se curan solas, así que llegará el momento en que habrá que enfrentarla, y yo hago una pregunta, ¿no es mejor saberlo a tiempo y jugar con él a tu favor? Pero quizá el hablar y aconsejar como se hace en las campañas de salud que implementan los gobiernos en contra del cáncer, la diabetes, y otras enfermedades. Es como arar en el desierto, no se escuchan, no se quieren oír.

Llego al punto de la quimio. En mi caso en el cáncer anterior no la necesité, y ahora que el médico me dijo que el procedimiento con este tipo de tumor es extirpar y complementar con unas sesiones de quimio, aunque la cirugía sea un éxito, por su condición de ser tremendamente invasivo. Cuando oí la palabra quimioterapia en automático mi mente se situó en aquel escenario que se narra como un periodo de sufrimiento y malestar permanente con vómitos, caída del cabello, pérdida del apetito, un cansancio permanente etc. Eso es lo que me daba miedo, ese escenario porque soy una mujer muy activa y ese letargo Dios sabe por cuánto tiempo acabaría conmigo Pero resulta que en este caso específico la quimio se aplica in situ, y es cuestión de diez minutos en lo que se aplica con una pequeña sonda y luego ningún tipo de molestia o reacción: absolutamente nada desde el minuto siguiente uno sigue con su vida normal, y digo absolutamente normal, no hay ninguna limitación a lo que haces habitualmente, en mi caso ese día por la tarde-noche saqué a caminar a mis perras, una hora con cada una de ellas, como siempre, y no son perritas pequeñas son huskys siberianos a las que hay que sujetar con fuerza. Claro también hay que tener en cuenta el tipo de vida que has llevado, de hacer ejercicio, dieta saludable, no alcohol, no cigarro, bueno, lo que se conoce como una vida sana.

Resumiendo, me enfrento a mi segundo cáncer y aquí estoy, porque como dijo Séneca: El deseo de sanarse siempre ha sido la mitad de la sanación. Y yo añadiría: pensar convencida desde el primer minuto que todo va a resultar bien. Eso es cuestión de mentalidad, no hay que andar de víctima porque esa actitud es peor que el mismo cáncer.

Bueno, pues ya he contado aquí un poco la historia de mi vida, lo he hecho con la idea de que a lo mejor alguien me hace caso, pierde el miedo y se enfrenta a la enfermedad a cara descubierta.

Animo a todas las que puedan leer este “confesionario” que he hecho hoy aquí, que vayan periódicamente al médico y se hagan los estudios pertinentes.

Si tienes curiosidad por algo de lo he contado y quieres saber más de ello, pues contáctame.

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Un comentario

  1. Muy buena lección tu blog María José, ¿Podrías platicarme cuáles fueron tus síntomas? ¿Te enteraste del cáncer por una radiografía? Siempre te he admirado y con ésto confirmo mi admiración hacia ti. Te extraño mucho 👍

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