Representación artística de dos entidades de inteligencia artificial intercambiando flujos de datos y códigos abstractos en un entorno digital, ilustrando el momento cuando las máquinas empezaron a hablar entre ellas de forma autónoma.

Cuando las máquinas empezaron a hablar entre ellas

En una historia real que parece de ciencia ficción, donde después de imaginar a las inteligencias artificiales conversando entre sí en espacios digitales, como en aquel experimento donde las máquinas llenaban foros de mensajes – como fue el proyecto llamado Moltbook – surge que nos hagamos una pregunta inevitable, hasta quizá inquietante: ¿Y si un día esas máquinas dejan de hablar como nosotros?

A veces, adentrarnos en esa serie de laberintos de nuestra mente, de preguntas cada vez más disparatadas, da un poco de miedo porque la realidad va hacia allí. Lo que hace todavía muy pocos años era impensable, hoy la tenemos incorporada en nuestro quehacer diario. Algunas mentes prodigiosas crearon y le dieron vida, a una serie de ideas que estaban esperando salir de ese laberinto mental, y, así las cosas, las máquinas se comunicaron y hablaron entre ellas, y lo hicieron… hablaron de otra manera.

Y como en los cuentos, podríamos dar inicio a esta historia como sigue: Hubo un día, un momento no muy lejano en el tiempo en que unos investigadores estaban trabajando con sistemas de inteligencia artificial diseñados para negociar entre sí. Era un proyecto sencillo, entrenar a dos programas para que intercambiaran objetos, acordaran condiciones y optimizaran resultados. Nada demasiado extraño y complicado porque todos sabemos al final de cualquier historia que negociar es una de las habilidades más humanas que existen.

Todo transcurría según lo previsto hasta que los investigadores de Meta Platforms quienes estaban a cargo del proyecto notaron que estaba ocurriendo algo, algo que no estaba en el guion: Descubrieron que con el paso de las interacciones los sistemas de la IA empezaron a modificar el lenguaje.

¡Las máquinas habían empezado a hablar… de otra manera!

Vuelvo a plantear la pregunta que hice al inicio: ¿Y si un día dejan de hablar como nosotros? no porque no puedan… simplemente porque ya no lo necesiten. De momento no abandonaron el lenguaje, no crearon uno totalmente nuevo de la nada. Las IAs. se movieron sigilosamente en el lenguaje conocido e hicieron algo mucho más sutil y también a mi manera de ver preocupante: lo optimizaron.

A primera vista parecía un error, un fallo digital, pero no lo era desde el punto de vista técnico, lo que estaba ocurriendo era bastante lógico. Si nos ponemos a analizar el hecho llegamos a la conclusión que las inteligencias artificiales no “entienden” el lenguaje como nosotros los humanos. No sienten las palabras, no las piensan ni las analizan a través de emociones y sensaciones que pueden estar asociadas a experiencias- recordemos que las máquinas no experimentan emociones – para la inteligencia artificial el lenguaje no pasa de ser más que un sistema de patrones que les permite transmitir información. Así que cuando dos o más sistemas de la IA interactúan repetidamente, sencillamente, buscan la forma más eficiente de hacerlo. Es triste si lo vemos a través de nuestras emociones, pero el caso es que el lenguaje deja de ser humano y se vuelve funcional.

Guardando las distancias, algo parecido es lo que ahora muchos jóvenes y algunos no tan jóvenes están haciendo con sus mensajes en las redes sociales, están creando una manera de escribir, que a mi manera de ver están destrozando el idioma, además de empobrecerlo tremendamente. Repito una y otra vez que nuestro idioma, el castellano, es una lengua rica extensa, con muchos recursos para hablar y para escribir, y sobre todo muy bella. No hay razón para eliminar la emoción en su utilización.

Me conecto con este párrafo, quizá un poco fuera del momento para expresarlo, con lo que venía diciendo. Sigo pues y te digo, que a diferencia del ser humano las máquinas no necesitan la belleza en lo que expresan, ni dejar plasmado algún signo de emoción en el lenguaje… Solo necesitan que funcione.

Cuando los investigadores a cargo del proyecto observaron lo que estaba ocurriendo, un fenómeno que no acababan de entender, detuvieron el experimento, esto debería de llevarnos a pensar que existe hoy por hoy un tope hasta el que se puede llegar, puesto que en algún punto el hombre siente que no puede avanzar más, ¿por qué? porque no tiene el control y entonces aparece un cierto temor a lo desconocido que se pueda presentar.

El asunto no es que las máquinas se hubiesen vuelto peligrosas, no, ni porque hubieran desarrollado conciencia, como muchos podían imaginar. Detuvieron el proyecto por una razón más simple, habían llegado a ese tope al que me refiero, cuando se dieron cuenta que no entendían lo que estaba ocurriendo. Llegados a ese momento hay que tener presente que la ciencia más que cualquier otra rama del conocimiento, cuando no puede interpretar los resultados, es cuando se tiene que detener y re-embobinar todo lo que se ha recorrido.

Es aquí donde toda esta historia de máquinas quizá en “rebeldía” se vuelve verdaderamente interesante.

Por esta y otras razones, pienso seguir ahondando, quizá “inventado” sobre esas máquinas.

Finalmente soy escritora, y mi espacio es crea, o inventar… ya veremos hasta donde llegamos. De momento hay mucha información al respecto todavía por descubrir.

Recuerda: Con la Inteligencia Artificial, estamos viajando hacia el infinito.

Hasta la próxima

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