El hombre se va, sus obras permanecen
Hoy, a ocho meses de distancia he vuelto para recorrer ese camino que hice acompañada de Don Lupe, hoy lo hago sola, Sin embargo, su presencia incorpórea me acompaña en este caminar. Tengo presente cada palabra, cada uno de sus gestos, su vehemencia con la que se introducía en esa historia de una región, de un pueblo al que él quería restituir su rango y categoría que tuvo en un tiempo no muy lejano.
Recuerdo la impresión que tuve cuando lo conocí, la de un hombre de los que te dan la mano y con su apretón te dicen: aquí estoy para lo que haga falta. Un hombre aferrado a su tierra, a su estirpe, a sus valores más genuinos.
“- Aquí justamente por donde caminamos ahorita, estaban las vías del tren. Era un pequeño ferrocarril que unía Pachuca con el Real,” – me dijo cuando íbamos llegando a la planta de la CFE. Nos detuvimos un largo rato frente a esa construcción tan poco valorada hoy día y que fue tan importante para él. Una construcción que hoy más que nadie puede que llore su marcha ante lo incertidumbre de su futuro.
Con una mirada como de inventario siguió contando.
“Corría 1980, yo todavía no estaba en la política, pero levanté la voz para denunciar un problema grave que existía en esta planta, por aquel entonces se utilizaba un líquido como aislante y refrigerante para los equipos eléctricos conocido comercialmente como ascarel y que es sumamente tóxico con grandes riesgos para la salud de humanos y animales La CFE lo almacenaba en tambos y las personas sufrían de infecciones cutánea, los animales que llegaban a entrar en contacto con el líquido se morían. A mi reclamo se unieron algunos grupos ecologistas y logramos reinvertir esa situación. Así comenzó mi relación
con la planta. Ahora espero que este movimiento que hemos creado para darle una nueva vida, llegue a buen puerto”
Sus descripciones de cada uno de los lugares que íbamos pasando eran como pinceladas que dibujaban en el presente imágenes nítidas que llegaban desde finales del siglo XIX. Cada palabra emitida con ese cariño, tomaba forma para describir esa historia que narraba Don Lupe.
– “El entorno en aquellos días se caracterizaba por el de un paisaje montañoso salpicado de minas, La Blanca, La Purísima, San Guillermo, San Rafael, Dos Carlos… Seguíamos caminando, yo escuchaba y él seguía recordando en voz alta… “estas minas que le platico beneficiaban a las poblaciones aledañas, no solo a Dos Carlos, también a Mineral de la Reforma Pachuca, San Agustín Tlaxiaca y Epazoyucan”.






Hablando y recordando llegamos a 1990, una década que quedará para siempre en la memoria de Mineral de la Reforma, como un tiempo de transición, pues el municipio que se había consolidado como territorio autónomo en 1988 quería afirmarse ante el crecimiento imparable de Pachuca, además del peso de su propia historia minera. En ese contexto, en enero de 1994 asumió la presidencia Municipal José Guadalupe Hidalgo Sánchez.
Su periodo se extendió hasta enero de 10997 coincidió con años de cambios en el país, y en Hidalgo comunidades como Pachuquilla, Dos Carlos, El Chacón y otras del municipio luchaban por mejoras y servicios y por no quedar rezagadas por el crecimiento urbano.
Él continúa con el hilo de los recuerdos, me comenta de temas de hoy pero que se remontan al año que asumió la alcaldía, como el Tratado de libre Comercio que recién había entrado en vigor y de las turbulencias económicas que enfrentaba el país. Lo dejo con sus memorias y me aplico en retratar a un hombre que defino de trato directo, que prefería dialogar con sus vecinos en la plaza del pueblo o en los pasillos de Palacio Nacional, siempre lejos de la pompa que le otorgaba el despacho.
Hoy, yo puedo decir que Don Lupe tuvo que gestionar en un escenario de recursos muy limitados demandas crecientes de pavimentación, agua potable, electrificación, y mantenimiento de caminos. Su administración se movía en una franja muy delicada, la de un soñador, pero ubicado en una realidad: modernizar sin perder la identidad minera y rural que todavía tenía pulso en los barrios y rancherías de la zona. Las obras, aunque modestas, buscaron conectar comunidades, mejorar la infraestructura básica y dar orden al crecimiento que se aceleraba año con año.
Un alcalde que se quitaba la banda para ir a reunirse con sus paisanos lo mismo en las festividades patronales o reuniones comunitarias donde se hablaba de todo y se mezclaban los asuntos oficiales con las charlas sobre la cosecha, o el clima y también como no, la situación de las minas, que en aquel momento iniciaban una nueva etapa: la minería tradicional cedía espacio a otras actividades, mientras viejos edificios , algunos de ellos pertenecientes a la CFE o ligados a la explotación minera comenzaban a quedar en desuso.
Termino aquí mi recorrido, el de hace unos meses y el de ahora. Me voy con la convicción de que el paso de José Guadalupe por la Presidencia Municipal quedó inscrito en una época en que Mineral de la Reforma empezaba a definirse como el municipio que hoy conocemos.
José Guadalupe Hidalgo Sánchez: Un hombre hecho para la lucha social, pero sin abandonar la trinchera del calor del hogar.