Ilustración de El Principito con la flor y el zorro en un paisaje estrellado

El Principito. Un cuento que le habla al corazón

Hace unos cuantos días fui a la tienda de Samborns y como hago habitualmente me di una vuelta por el área de la librería, que dicho sea de paso en este momento se encuentra muy bien surtida, me refiero a la tienda ubicada en la Joya, y mirando de un lado a otro me encontré con tres o cuatro ediciones distintas de El Principito. Como en ocasiones anteriores me pregunté en que consiste la magia que hace que un libro que ha sido siempre cuestionado si es está escrito para niños o para adultos, siga teniendo esa presencia en librerías, y desde luego se siga vendiendo, porque es un hecho que se vende.

Creo que la respuesta está en la dedicatoria que el propio autor escribe” Todas las personas mayores fueron al principio niños, aunque pocas de ellas lo recuerdan” Pero, en fin, por una razón u otra desde su publicación en 1943, ha sido considerado un clásico de la literatura universal y eso es suficiente razón para comentarlo y, dar en lo posible, un poco de luz a lo que no acabamos de entender y recomendar su lectura ahora, que es tiempo de leer.

Empezaré diciendo que los expertos en la materia opinan que es un relato que aparenta ser un cuento infantil, pero que analizándolo a fondo nos encontramos que en cada página hay reflexiones sobre el amor; la amistad; y el sentido de la vida. Su autor, Antoine de Saint- Exupéry logra en su obra una gran proeza literaria, dialogar simultáneamente con lectores de todas las edades, como si hablara en dos lenguajes a la vez: el de los niños, claro y fantasioso, y el de los adultos con simbolismo y la melancolía de lo que se dejó atrás.

¿Por qué es un libro para niños?

Cuando empezamos a leerlo nos damos cuenta que la historia está contada en un lenguaje sencillo y accesible para los más pequeños, con frases breves y mundos de fantasía ideales para estimular la imaginación de los más jóvenes: un niño que viene de otro planeta; una flor que habla; un zorro que quiere que lo domestiquen; planetas diminutos con personajes excéntricos. Cuando el niño de alrededor de siete años, que es la edad recomendada para empezar a leerlo, se encuentra por primera vez con esta historia llena de asombro y fantasía, se convierte la lectura en una experiencia entrañable para ellos. Al identificarse con su pequeño protagonista, el niño lector se encuentra entonces con una réplica de su propio mundo emocional, esto dicho por sicólogos, donde coexisten miedos, descubrimientos y ternura.

Al lector adulto, ¿qué le muestra?

Pues en este caso podríamos decir que pasamos a otro plano de lectura, bajo la apariencia de ser una fábula, el relato plantea preguntas existenciales para ese lector hombre o mujer, porque el autor construye una crítica sutil a las actitudes que los adultos van desarrollando y que los alejan de lo esencial.

Cada personaje que el Principito encuentra en su recorrido por los planetas representa una figura del mundo adulto: El rey que necesita mandar aunque no tenga súbditos, el hombre de negocios que está obsesionado con contar estrellas que no puede poseer, el geógrafo que nunca explora, el farolero que obedece sin pensar. ¿Te suenan de algo? Todos estos personajes revelan una profunda insatisfacción y también desconexión con la vida real.

Pero el libro es mucho más que eso, porque nos da unas enseñanzas duraderas: Nos recuerda que la amistad s un acto de cuidado mutuo, a la que le debemos dar atención y de responsabilidad en el afecto que le brindamos.

-Que el amor exige tiempo, paciencia, comprensión y a veces lo que nunca creemos que se corresponde con esa palabra, ausencia.

– Que, aunque no lo creamos, lo esencial no es visible con los ojos, sino con el corazón.

En este sentido el libro actúa como un espejo melancólico para el lector adulto que ha olvidado mirar la vida con la inocencia y asombro de cuando era niño, perdiendo ese don de la espontaneidad ante el hecho único de vivir cada día los acontecimientos por sencillos que sean.

Estoy de acuerdo que no es un libro para leerlo de una forma literal, tiene sus espacios, sus tiempos, y sus estaciones de la vida donde detenerse y volver a leerlo, porque merece ser releído. Cada vez que se lee uno se encuentra con que su significado cambia, y lo hace porque tú lector, has cambiado, y ese significado creció y se enriqueció en tu conocimiento. Sin lugar a dudas es un texto que debe de estar en tu librero porque será un compañero de lectura a lo largo de toda tu vida.

Léelo tú, en solitario, o léelo en compañía de tu hijo o hija y crea un puente entre esos dos mundos: el de la infancia y el de la experiencia, y al hacerlo crea ese espacio lector donde se puede hablar del amor incondicional, del apoyo y cuidado mutuo, y ¿por qué no? también del alma.

El Principito: un libro para niños, una lección para adultos.

Antoine de Saint Exupéry. Escritor y aviador francés (1900 – 1944).

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