El maíz una historia tan lejana como su origen por María José Almudí Antín

El maíz una historia tan lejana como su origen

Para hablar de esta planta que a veces alcanza hasta tres metros de altura, con su tronco fuerte, sus hojas largas, y su fruto, la mazorca, o como nos referimos a él familiarmente, el elote, hay que remontarnos unos doce mil años atrás y fueron los primeros pobladores de Mesoamérica los que  la domesticaron, y desde entonces hasta hoy está diariamente en cada mesa de los hogares, en forma de la tortilla o de el atole, no solo de mexicanos, también se presume en países del otro lado del mar donde se disfruta su ingesta.

El desconocido y ancestral maíz ha enamorado por siglos a propios y extraños y uno ya no se siente completo a la hora de la comida sino están presentes las tortillas, que es la estrella de todo lo que se elabora con su harina.

La tortilla había llevado hasta ahora una existencia tranquila y había sentado sus reales en toda Centroamérica; porque por más que duela, no es exclusiva de México, pertenece a todos los países de esta zona donde hubo asentamientos mayas, ya que fueron ellos los que empezaron a domesticar la planta de maíz a partir  de los teocinttles, gramíneas silvestres que crecen naturalmente en esta parte del continente, y que con el tiempo se convirtió en la base de la alimentación de diversas civilizaciones.

Hoy el maíz esta nuevamente sobre la mesa, pero no como alimento, sino como parte de un debate que se arrastra desde la década de 1990 cuando la empresa Monsanto desarrolló la primera planta transgénica, introduciendo una variedad de soya resistente al herbicida glifosato. A partir de entonces se crearon variedades de maíz transgénico con características similares.

Retomo el punto, hoy se discute nuevamente la posición a favor o en contra, aquí, a raíz que México perdió el panel frente a USA y Canadá, sobre la importación al país del maíz transgénico del país vecino.

Averigüemos, si es que se puede averiguar, sin tomar una postura radical, en que consiste este tipo de maíz tan satanizado, vapuleado, y, expuesto a la opinión pública en los últimos tiempos.

El maíz transgénico es aquel que ha sido manipulado genéticamente con técnicas de ingeniería genética para introducir genes de otras especies que les proporcionen características específicas como, por ejemplo: resistencia a las plagas, tolerancia a los herbicidas, y, adaptación a las condiciones ambientales adversas.

Visto así no parece tan peligroso, como lo tachan algunos, y además existen ventajas a considerar: producen más grano por hectárea, reduce la utilización de los nefastos pesticidas, y no se queja si se le planta en suelos de alta salinidad además que resiste muy bien las sequías.

¿Entonces?

Entonces, pienso, porque soy mal pensada, qué detrás está como siempre, en gran parte, existen intereses creados de uno y otro lado del asunto.

Para los que lo rechazan y como dije, lo vienen satanizando, manejan tres puntos.

Primero, que los agricultores pueden verse obligados a comprar semilla cada temporada de siembra.

Segundo, que puede existir un riesgo de contaminación genética de variedades nativas,

Tercero, hay una preocupación por los efectos negativos para la salud.

La verdad, si eso es todo, son argumentos muy fáciles de rebatir.

El gobierno año tras año facilita semillas diversas como apoyo a los campesinos.

No es creíble que se tenga la tecnología para ir a Marte y no exista una que evite la contaminación de los dos maíces. Me imagino que será cuestión de ponerle más dinero a la investigación. Hasta el día de hoy, y esto es muy importante, no existe ni una sola información sobre algún efecto nocivo en la salud  que se tenga documentado. Y, con o sin conocimiento, todos llevamos años ingiriendo maíz transgénico.

Otra cosa es cuidar y proteger la historia, la relación que ha tenido los pueblos originarios con esta maravillosa planta, que va desde el aspecto alimentario hasta el religioso creando una cosmovisión única  

¡El maíz, 12mil años en el eje neovolcánico de México!

Los campesinos mexicanos, con cada cosecha, separan de las mejores mazorcas, dos o tres, poseedoras de finas hileras que atesoran los granos de distintos colores, según la variedad a la que pertenecen; ya que existen distintas razas de maíz que han ido surgiendo al paso del tiempo, y de la selección natural   de la misma planta, en su avanzar a distintas condiciones ambientales. Después como en un acto litúrgico, las trenzan y las guardan hasta la siguiente siembra.

México alberga la mayor diversidad del maíz del mundo y ese es un tesoro que estoy convencida que nunca se va a perder porque el maíz tiene esa cercanía   mágica, con su campesino, ese hombre o mujer que todos los días va a la milpa y entabla un diálogo con ella.  Le cuenta sus pesares y le pide que luche por darle ese grano que se convierte en su alimento del cuerpo, pero también del espíritu ya que al igual que se trenza la mazorca para seguir existiendo; se trenza para mantener la conexión con y quienes les precedieron.

Conservamos lo genuino, lo que nos da origen y pertenencia; pero no le demos la espalda a la ciencia agro alimentaria, porque sería un gran error.

En mi deambular investigando sobre el tema me encontré con varias leyendas. Te dejo esta.

Cuenta una leyenda maya que se conoce como EL PÁJARO DZIÚ Y EL MAíIZ. que después de un incendio provocado por el dios del fuego KaK, las aves debían de rescatar las semillas para la próxima siembra. El pájaro Dziú, a pesar de su modesta apariencia, protegió una semilla de maíz bajo su ala, resultando manchas negras en su plumaje como símbolo de su valentía.

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