Gabriel Garcia Marquez

De: Cien Años de Soledad, hasta En Agosto nos Vemos

¿Qué escritores deberían de poder recibir el Premio Nobel de Literatura?

¿Todos? ¿Los que son considerados grandes de la literatura? ¿Los qué con una obra, una sola, sorprenden?

Estas preguntas y otras más me las he hecho a lo largo de los años, en especial después de conocer a algún escritor galardonado con el premio, y habiendo leído la obra que lo colocó en el cénit de la literatura; luego me encuentro con algún otro título o títulos del mismo autor y al leerlas pareciera que estaban escritas por otra persona y hasta el tema me resulta de lo más simple y ajeno a lo que propone el escritor. Esto me ha sucedido al terminar de leer, En agosto nos vemos, una novela de apenas 111 páginas de texto.

Yo no sé si esa palabra tan de moda hoy en día que es la corrupción ha llegado también al Nobel, y no solo al de Literatura, o será que la manera de apreciar el conocimiento; la ciencia; el arte; o el estar allí en un lugar a lo largo de una vida, para ayudar, para dar lo que tienes y lo que puedas en pos de los demás; ha cambiado, debe der ser eso porque en los últimos años hemos podido constatar algo de “desequilibrio” en algunas adjudicaciones.

Pero volvamos a la literatura, que es lo mío y también lo tuyo si es que me sigues y lees lo que escribo.

Primero hay que conocer que el Nobel de Literatura no se otorga por una obra, que podría ser la mejor escrita desde que alguien pensó que podría escribir una historia, se otorga por el recorrido literario que ha tenido el escritor a lo largo del tiempo y hasta ese momento. Es decir, se revisa su trayectoria literaria y su bagaje cultural e intelectual que indudablemente se refleja en toda su producción.

Todo escritor debe de tener ese soporte que lo respalde a la hora que es candidato. El refrán dice que “una golondrina no hace verano”, y eso aplica muy bien aquí.

Como te habrás dado cuenta quiero referirme a Gabriel García Márquez; vaya por delante que lo considero un gran escritor, un escritor que te atrapa con sus Cien años de soledad, y que ya no te suelta y entonces vas en la busca de El amor en los tiempos del cólera, El coronel no tiene quien le escriba… y así de uno a otro, título, pero siempre al final de leerlos te queda el convencimiento de que ninguno se acerca a Cien años de soledad; sin que eso indique que no son buenos, simplemente son unas obras más del mismo autor.

Todos los que consideramos los genios de la literatura han tenido una obra que los definió como tales y que los han dejado en ese sitio ya para siempre, pero después hay otra que tiene el mismo rango y el mismo nivel de interés.

Por ejemplo, Miguel de Cervantes y su obra cumbre: don Quijote de la Mancha, la gran novela de la Lengua Castellana. Al paso del tiempo sigue asombrando al mundo, se sigue traduciendo a cuál más idioma desconocido y en lugares remotos del globo, donde hay un Instituto Cervantes, personas que quizá no sepan situar a España en el mapamundi, estudian castellano para poder leer a Cervantes en español.

Pero te comentaba, detrás de esa gran obra siempre hay otra, en el caso de Miguel de Cervantes aparece Los trabajos de Persiles y Sigismunda, que le da continuidad a su pluma y reafirma su status. Llegados a este punto el escritor no tiene que demostrar nada, ni detenerse a proclamar su trabajo. Sus páginas lo avalan.

Otro de los grandes, él, de tiempos más cercanos: José Saramago, Premio Nobel de Literatura 1998.

Saramago escribió la obra que lo definió como el gran escritor: El Evangelio según Jesucristo. Una novela con un tema siempre polémico y más para alguien como él que se declaraba no creyente o ateo, y, sin embargo, creó algo que nunca dejó indiferente a nadie que lo leyese. Esa obra lo llevó a recibir el Nobel, al igual que Cien Años de Soledad hizo lo mismo con García Márquez en 1982.

Pero, como en este caso con Cervantes, luego apareció entre otras muchas obras, El Ensayo sobre la Ceguera para posicionarlo como uno de los indispensables de las letras de nuestro tiempo

¿Qué distingue a un magnífico escritor, de uno capaz de ser Premio Nobel de Literatura?.

Desde mi apreciación hay una palabra para definirlo: Magnificencia.

La magnificencia que lleva consigo la libertad y el atrevimiento de escoger tema y palabras, la mayor de las veces desconocidas y que pueden inspirar algo de temor para emprender la gran aventura que es escribir.

Para mí, creo qué a García Márquez, siendo un gran escritor, como ya he afirmado, le faltó esa magnificencia en su quehacer literario, y por eso, él, le quedó a deber al Nobel.

Esta historia, como dicen en los episodios televisivos, continuará. En mi próximo artículo trataré de analizar las dos novelas que hoy le dan título a esto que he escrito.

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